lunes, 9 de marzo de 2009

¿Quién quiere "un país de lectores"?

Quise subir los comentarios de una entrada en el blog de Oliver. Porque me parece que leer y escribir son cosas terriblemente subversivas y que, por ende, muchos tienen ganas de prohibir aunque se escuden tras lemas de "Hacia un país de lectores".

Hacernos un país de lectores significaría cosas duras: Primero, una mejor y mayor educación básica, con mejores maestros y salarios más justos para ellos. Y ese simple hecho implica toda una revolución social y cultural que el gobierno no está dispuesta a costear como lo muestra con los recortes de presupuesto al sector educativo y las alianzas con caciques de los sindicatos magisteriales, acompañada de descrédito para la lucha magisterial dura.

Un país de lectores significaría también un campo de pólvora listo para estallar al menor chispazo. Porque la verdad nos hace libres, peligrosamente libres, y no para transitar por un solo camino.


La ilustración es una foto de Dorothea Lange... si conocen su título, ¡díganmelo!


Palomilla Apocatastásica dijo...
Efectivamente yo te doy 7 razones para no leer:Leer nos cambia, por que nos permite reflexionar y retomar ideas que antes no eran claras. Nos ofrece nuevos panoramas por explorar.Leer nos hace pensar, de esa manera en la que las ideas refrescan la mente y la obligan a funcionar. La lectura es anárquica, no acepta jerarquías, horarios, reglas. Puedes empezar en medio, releer los capítulos cuantas veces quieras, revolver la letras. Incluso aborrecer o amar ciertos textos. Ahí cada quien hace lo que quiere con la lectura.Los libros eliminan fronteras, así viajamos entre las páginas por países exóticos, por espacios intangibles, sin pasaportes, gastos excesivos ni contratiempos con las agencias de viajes. Tampoco hay diferencia entre personas, ahí todos son iguales, cada personaje en su contexto. En la lectura siempre hay optimismo, a pesar de que sea un tema árido, existe la posibilidad de crear finales alternativos, de cerrar las páginas y tomar un respiro luego del susto, de la náusea, del acoso. El libro es un amigo de la conversación, así que mientras más lees, más ideas locas llegan a la cabeza y se rehúsan a guardar silencio. Salen en las reuniones y se comparten, crecen y se liberan de forma exponencial. Leer es un placer y como socialmente casi todo lo placentero esta prohibido, pues obviamente hay que abusar de ese deleite.

Julián Iriarte (bueno, ya: Oliver) dijo...
Te doy una octava: leer es un acto que se rige por dinámicas que a nadie convienen, que nadie quiere, que muchos penan y que, sin embargo, todo mundo apoyará y aplaudirá y dirá sus mejores loas. No sé si estoy de acuerdo con tus siete, pero no es cosa de responder de bote pronto. Deja rumiarlo un par de días, o desenterrar mis notas.

2 comentarios:

Martuchis dijo...

Isabel:

Hace rato que no comentaba en tu blog, si paso a leerte seguido, pero no había tenido mucha oportunidad de comentar.

Sobre este post en particular, es terriblemente cierto lo que expresas, al gobierno no le conviene que seamos un país con cultura, pero pienso también que en gran parte nosotros también tenemos la culpa porque desde pequeños no nos obligamos a leer.

Yo en lo personal te puedo decir que me fascina leer, pero fue un hábito que adquirí en forma tardía, y influyó mucho que veía a mi papá leyendo hasta tarde y entonces ahí me empezó a dar curiosidad y empecé a leer todo lo que encontraba o caía en mis manos.

Creo que si el gobierno no hace nada, muchos podríamos empezar a preocuparnos por inclucarle ese hábito a los niños más pequeños o involucrarnos en campañas como una muy padre que hicieron hace tiempo que se llamaba: "Libera un libro" que consistía en dejar libros en lugares estratégicos para que las personas que los encontraran los leyeran y una vez que lo concluyeran, volvieran a ponerlo en circulación otra vez.

Saludos, buen inicio de semana.

Adriana del Moral dijo...

Seguro, leer siempre es un acto subversivo que podemos llevar a cambo por cuenta propia. Porque los grandes cambios no los arropa el gobierno. Besos.