miércoles, 25 de abril de 2018

El día que me gustó la música cristiana

Hoy traté de encontrar con Shazam una canción cristiana que uno de mis vecinos escuchaba. Obvio, la app no la reconoció, así que apliqué la técnica antigua de googlear la letra.

¡Ayuda!, ya me gusta la música cristiana, pensé. 

No tengo nada, solo una canción de amor para ti, para ti, para ti 
De tu cara surge una mirada de perdón 
Que me llama para comprender tu amor hacia mí, para mí, para mí 

Maria es, Templo consagrado a Dios 
Gota enamorada del mar 
Pequeña flor, perfume que nos dio el Señor 
La Eva de la nueva creación 
Tengo que cantar una canción para ti, para ti. 

Tu esperanza una invitación para decir siempre si, siempre si 
Y si hablas de inmediato se oye una canción, 
Que tu alma, como una oración se eleva a Dios, al Señor, tu Señor 

Maria es, tierna madre del amor 
Mujer llena del Señor 

Tu corazón arde en el amor a Dios 
Cuando dices si al Señor 
Tengo que cantar una canción para ti, para ti. 

Maria es, Templo consagrado a Dios 
Gota enamorada del mar 
Pequeña flor, perfume que nos dio el Señor 
La Eva de la nueva creación 
Tengo que cantar una canción para ti, para ti.

La letra completa (y otras más) en este foro.

Pero más allá de mis gustos musicales más que culposos, debo admitir que siempre me ha encantado el gospel, que sólo por eso fui a varias misas en Harlem y que en Barcelona armaba mi coro con Audrey y J. 

También me encanta mucha música sufí y a cada rato pongo mantras budistas. 

Así que supongo que, siendo como soy una agnóstica fascinada con los sistemas de creencia espiritual, puedo darme permiso de escuchar la música religiosa que se me dé la gana. 

Amén.



PS. Desde que las escuché también me agradaron varias canciones cristianas de Juan Luis Guerra, uno de mis poetas de amor favoritos. ¿Quién dice que el amor a dios no es el más grande amor? Seguro que también vale la pena cantarle.

PS. 2 A veces fantaseamos en casas con el momento en que el vecino alcohólico, aká DJ Chupes (lo bautizamos en la cena de año nuevo) se vuelva religioso. Seguro pondrá la mejor música cristiana de todos los tiempos.

viernes, 20 de abril de 2018

#SOSNicaragua Fuerza, nicas

Nicaragua en mi memoria es más un abrazo que un país. Llegué ahí hacia finales de 2015 vía San José, y casi no conocí Costa Rica porque quise pasar más tiempo en ese país de lagos, volcanes, pico de gallo y ron.

Una compatriota muy querida que vive en Granada. Nos conocimos en el calvario de pasar migración por tierra con pasaporte mexicano yendo de Nicaragua a Costa Rica. 


Nicaragua es ante todo para mí mi amiga Favi. Ella, su familia y sus amig@s me recibieron con muchísimo amor y calidez humana. Creo que si amo tanto ese país es, ante todo, por su gente estupenda de la que ell@s son excelente muestra.

Favi y Venus. A ambas y las toñas las extraño mucho, un día sí y otro también.

Mi amiga y yo nos conocimos hace siete años en Madrid, donde vivimos juntas en un piso con otras dos chicas latinoamericanas. En 2013 viajó a México para salvarme la vida cuando estaba al borde de una crisis en mi papel de la novia más incompetente de la historia. Ella trajo flores, abrazos y sonrisas a mi casa cuando yo era poco más que un manojo de nervios y vomitaba de tensión al menos una vez por semana.

En 2015 me tocó "pagar" la visita, y aunque le llevé una colección de cosas de mi tierra y le ayudé con una enciclopedia de su país que estaban editando, como siempre quedé a deberle por toda su generosidad. 



Si esta noche me concedieran un deseo, pediría que lleguen la paz y el cambio a Nicaragua. Pediría que de su historia escrita en sangre nazca hoy luz, que el pueblo consciente y unido logre erradicar el flagelo de la corrupción que carcomió una revolución. Pediría que las cosas terribles que pasaron entre hermanos no se repitan nunca más. Que las vidas perdidas de estudiantes y otros manifestantes no sean perdidas en vano.
Pediría pues, las mismas cosas que quiero para toda Latinoamérica, para mi matria grande; para todos los pueblos del mundo que sufren. Por si pedir sirve de algo. Pero más que eso, para darnos fuerza y construir todo eso que necesitan, que necesitamos.


Esta imagen la encontré por Favi. Me recordó cuando en 2011 escuchábamos en nuestro piso obsesivamente a Calle 13.


martes, 2 de enero de 2018

Deseos de año nuevo, texto de Cecilia Antolini

#DeseoQue sigamos construyendo todos los días la vida que anhelamos 👊

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Cecilia Antolini is with Violeta Ceci Antolini and Ifigenia Ponce.
Que no nos duerman con cuentos
Que se multipliquen los orgasmos como los peces
Que nos aleteen las mariposas de la pochi
Que sea amor
Que lo que nos invada sean los colores, los sabores, la música y la poesía
Que la paz no sea blanca
Que se extingan los gases, los palos de golpear y los camiones hidrantes
Que dé rabia el acoso y no la teta al aire
Que ser vieja valga la alegría
Que no tengamos miedo a las revoluciones
Que el saber deje de ser un lujo
Que no nos burlemos de las faltas de ortografía
Que las "malas" palabras tengan el lugar que se merecen en el diccionario
Que los insultos no incluyan a las conchas de madres y hermanas
Que menstruación, masturbación, menopausia, no sean sinónimo de vergüenza
Que nos mezclemos hasta reconocernos en el otro, la otra, le otre
Que nadie pregunte si nena o varón
Que ser mujer, niña, adolescente, trans, trava, lesbiana, puto, diferente, no implique un riesgo
Que la solidaridad no se pase de moda
Que la sororidad no sea sólo una moda
Que tengamos donde volver a abrigarnos o desnudarnos
Que nos crezca la imaginación como el amor propio
Que sola no sea solita
Que levantemos la bandera de la Memoria
Que tengamos Matria
Que no confundamos violencia con amor
Que amemos mucho más lo que amamos
Que las amigas nos canten la posta
Que si hay que romper, rompamos
Que si hay que construir, nos pongamos manos a la obra
Que encontremos nuestro lugar "en la familia de las cosas"
Que nos feliciten por altoparlantes, en Retiro por ejemplo -qué bien hiciste tal cosa!
Que se desdibujen las fronteras por color, sexo, propiedad
Que vengan las y los buenos ex a saludarnos y nos digamos "qué lindo fue habernos amado"
Que no tengamos miedo a expresarnos
Que vuelvan las madres y los padres que se llevaron y nos den un abrazo
Que encontremos a las nietas, a los nietos y que no dejemos de emocionarnos cada vez que ocurra
Que tengan larga vida las Madres y las Abuelas
Que ser madre no sea destino sino deseo
Que dejen de vender hijes al mejor postor a costa de un vientre flaco y pobre
Que el aborto y el amor sean ley
Que la ley se nos haga piel y empatía
Que nos sobrevivan los hijos, las hijas, lxs sobrinxs, les amigues
Que no tengamos vergüenza de nuestro cuerpo
Que las personas valgan más que las paredes
Que dejen de golpear, de abusar, de violar, de vender
Que dejen de matarnos
Que dejen de
Que dejen
Foto de Satori Gigie

viernes, 29 de diciembre de 2017

Cuando no estemos más. Escandón mi amor, notas para la memoria futura en 2017

Algún día alguien contará la historia de un lugar en la Escandón donde vivieron poetas, pintores, fotógraf@s, narradoras, arquitect@s, revolucionari@s y en general un puñado de gente tocada.

Contarán las fiestas donde la comida siempre alcanzaba para todos y sobraba para el recalentado cuando la noche se convertía en medio día; las incontables tazas de té compartidas. Se hablará de las confidencias y pactos que atestiguaron el comedor, los sillones, los muchos libreros; de los cebollines creciendo junto a la ventana, las suculentas y plantas silvestres en maceta multiplicándose en los rincones, de la luz que siempre llenaba las habitaciones de maneras nuevas e inesperadas.

Recordarán los bailes de salsa hasta el amanecer, las cenas amenizadas por la música siempre demasiado alta del vecino, el ocasional porro colectivo libre de sangre, el tabaco cubano en cigarrillos hechos a mano, los puros nicaragüenses, el ron bueno y malo, el sotol, los mezcales...

Se hablará de los desayunos íntimos a los que se unían las vecinas, los amigos de los amig@s, los perseguidos, los sin techo y cualquiera que se sumara, hasta que el evento mutaba en una comida comunitaria donde el alimento se multiplicaba. De los sillones y colchonetas siempre dispuestos a recibir a familiares, amigos y conocidos. De l@s niñ@s correteando por los pasillos; armando restaurantes y autopistas en la sala; bañando patitos en la recámara, brincando sobre cojines de meditación y jugando con la tierra de las macetas.

Se murmurará de cuando el sitio fue okupa, de cuando nadie sabía bien cuánta gente dormía, comía y amaba ahí; de cuando en tres meses  pasó medio pueblo de Lázaro Cárdenas por el lugar, de las pancartas que hicimos tantas veces tirad@s en el piso, de las clases de yoga de los jueves. De los atardeceres y amaneceres contemplados desde la azotea que nunca hicimos roof garden pero tratábamos como tal, de las toallas que misteriosamente empezaron a aparecer en nuestro tendedero. 

Entre insinuaciones y silencios cargados se darán a entender las conspiraciones que aquí se armaron, los planes que se hacían y desbarataban cada semana para seguir resistiendo en una ciudad que agonizaba pero no se detenía. 

No sé si alguien será capaz de difundir la ubicación precisa donde esto pasó: nadie nos creería todo sucedió en un departamento de cuarto piso, no pequeño, pero tampoco especialmente enorme. Sin embargo habrá reminiscencias de que en efecto existió el edificio en una calle de banqueta adoquinada que se tornaba callejón, a pocas cuadras de una bien conocida cantina.

Algún día, alguien seguirá hablando de nosotros cuando todos hayamos muerto.



Quieren capturar nuestras voces, que no quede nada de nuestras manos, de los besos, de todo aquello que nuestro cuerpo ama. Está prohibido que nos vean. Ellos persiguen toda dicha. Ellos están muertos y nos matan. Nos matan los muertos. Por eso viviremos.
José Revueltas 

lunes, 6 de noviembre de 2017

Yo no soy de las que gustan, sino de las que obsesionan. Sobre sapiosexualidad

Hace meses más de un año publiqué aquí parte de un texto de Egolandia de Mercedes Reyes Arteaga. Aplica para mí, sí y no.

A la carne que cubre el hueso le ponen una mente
y a veces un alma, y las mujeres avientan
floreros contra las paredes y los hombres beben
demasiado y ninguno encuentra al
otro pero se mantienen
observando arrastrándose dentro y fuera
de la cama. La carne cubre al hueso pero la
carne busca algo más que carne...

Charles Bukowski


Yo no soy de las que gustan. No poseo una belleza hollywoodense, mi rostro cumple con algunos de los cánones de belleza occidental tradicionales, pero también desafía profundamente otros. 

Soy demasiado flaca, o más bien huesuda para algun@s, sobre todo de la cintura hacia arriba. Demasiado voluptuosa de la cintura hacia abajo para otr@s. 


Nunca me sentí hermosa hasta que estuve en la universidad, probablemente porque en mi facultad de filosofía y en la escuelita donde estudié periodismo encontré a gente con criterios de belleza más amplios, pero sobre todo que valoraban más otras cosas por encima del puro físico.

Me considero, sí, una persona sumamente atractiva. Modestia aparte, creo que eso obedece sobre todo al montón de cosas que cargo en la cabeza, a mi personalidad que lo mismo puede fascinar que desconcertar profundamente. No soy alguien de medias tintas: soy más bien un gusto adquirido que un crush fácil.


Con respecto a quienes a mí me atraen, me considero muy sapiosexual --es decir, nada me excita como un buen cerebro. El conocimiento, la experiencia, la inteligencia, me son irresistibles. He estado con personas que caerían, según los cánones de la mayoría, más del lado de la fealdad que la hermosura. Y he descubierto la atractiva seguridad de l@s fe@s, pero también que para mí el físico es bastante irrelevante. En términos físicos, me basta con que me guste el color de sus ojos, la forma de sus manos o espalda, el timbre de su voz o el aroma de su piel. 

En cuanto a lo no físico se refiere, soy más bien exigente. Tengo que admirar a una persona profundamente para sentirme sexualmente atraída a ella. Y me gustan inteligentes, entre más, mejor. Nada apaga mi deseo tan pronta y rotundamente como la gente que considero estúpida, por más que puedan ser modelos de físico "perfecto". El sentido del humor no me es indispensable, pero sí suma un montón de puntos, además de que la gente realmente genial suele ser divertida. Los gustos comunes tampoco son necesarios, pero facilitan la relación.


Ahora bien, la sapiosexualidad no necesariamente implica el coito, pero tampoco lo excluye. Aunque me considero una persona bastante sexual, he tenido grandes amores con los que no me he acostado. Y me he acostado con gente con la que tengo relaciones casuales que amb@s sabemos pasajeras, sin que eso implique que sea menos selectiva en cuanto a sus dotes emocionales, intelectuales, etcétera. 

Quizá por estas mismas características es que a veces, más que gustar, obsesiono. Digamos que porque a  menudo me relaciono con personas igual de intensas que yo, porque soy altamente selectiva, y también porque me involucro con las personas antes de tener una relación. No digo que me vea criando hijos o viviendo con quienes he tenido sexo casual, sino más bien que en esas contadas ocasiones he tenido una conexión emocional o intelectual lo suficientemente rápida y profunda para pasar a lo sexual.


Mi mejor amigo me lo ha dicho más de una vez. "Es que después de ti algo cambia", porque soy "demasiado", y no necesariamente en sentido positivo. A veces soy demasiada información, demasiadas emociones, demasiada inestabilidad, demasiada tristeza. Demasiada vagancia, complejidad, adrenalina, historia... demasiado de lo bueno y también de lo malo.


Aquí hay un test para saber si eres sapiosexual. Yo obtuve 95 de 100. 

sábado, 4 de noviembre de 2017

in som nio


En el insomnio de la noche caben 
caravanas en el desierto
 e hileras de pingüinos saltando al agua. 

Elsa Cross



He fracasado en todo. Como no me hice ningún propósito, quizá todo fuese nada. 
Fernando Pessoa


martes, 9 de mayo de 2017

Las mujeres en mi vida

​Queridas, ustedes saben quiénes son, y que a veces nomás no tengo fotos a la mano, pero las quiero un montón.
Hasta que estuve en la prepa no me di cuenta de que a veces me costaba trabajo relacionarme con otras mujeres. Estudié la primaria y la secundaria en escuela de monjas sólo con chicas, y conforme el tiempo fue pasando en mi vida agradecí eso porque así hice muchas relaciones entrañables con mujeres, muchas de las cuales aún conservo.


La preparatoria fue para mí un tiempo complicado de mi vida en más de un sentido. Principalmente porque justo antes de iniciarla sufrí la depresión más fuerte de mi vida por la muerte de alguien cercano a mí, pero también porque cuando estaba en el segundo año una de mis amigas de la infancia tuvo leucemia aguda y murió en menos de un año.

Para rematar mis males, la escuela era súper machista, y no me desconcertaba tanto la misoginia de los hermanos de la congregación que la dirigían como el de las maestras laicas que un día sí y otro también nos hacían comentarios que para mí eran como del siglo antepasado.


Ambas cosas me hicieron difícil relacionarme con mis pares: mis problemas me parecían muy distintos a los suyos. La menor de mis preocupaciones era quién ligaba con quién, y la mayor oscilaba entre enfermedad, muerte y la adicción que sufrieron algunas personas cercanas a mí. Hice pocas pero muy intensas amistades, la mayoría de ellas con hombres.




Luego en la universidad mi círculo era bastante equilibrado entre mujeres y hombres; aunque quizá tenía más amigos hombres, mis relaciones con mis amigas eran más cercanas en la mayoría de los casos.



Con todo, desde el año pasado que suspendí un poco el contacto con algunas de las amigas más antiguas que tenía, recientemente he tratado de construir más y mejores relaciones de amistad con mujeres. Por muchas razones, que van desde la sororidad hasta la influencia en mí del lesboterrorismo, pero resumiéndolo simplemente diré que porque elegí dedicar más tiempo y energía a otras mujeres. Vivir con rumes mujeres ha sido una experencia re linda, he descubierto chicas increíbles y la he pasado genial compartiendo lo cotidiano con ellas.



Las amigas de mis amigos también me han sorprendido enormemente. He conocido chicas maravillosas, divertidas, inteligentes, solidarias, descomplicadas. Que lo mismo me invitan a una fiesta que nos tomamos un mezcal o nos recomendamos libros o películas. Que me han prestado su cuarto cuando ando de visitante nómada sin hogar, que se han solidarizado conmigo para iniciar el baile o lograr cenas más vegetarianas.


El otro grupo que me ha hecho la vida son las activistas. Amigas de amigas, a veces de amigos, y muchas que he conocido a través de una cierta Mercadita en Facebook, que es un grupo hermoso, lleno de solidaridad y a donde acudo lo mismo para animarme que para intercambiar ropa o crear y fortalecer redes de acción para tener un mundo menos terrible.


Y también siguen en mi vida mis amigas de siempre: las muchas que conozco desde la infancia, con quienes he retomado el contacto, muchas veces en persona, pero en ocasiones sólo por teléfono; mis amigas de la prepa, pocas pero significativas, una de ellas mi socia, mi luz, mi siempre aliada; mis vecinas yoguinis incansables, luminosas, guerreras; mis amigas filósofas con el estrecho entramado que hemos seguido tejiendo entre nosotros y al que siempre puedo acudir para lo que sea. Mis amigas editoras latinoamericanas, mujeronas que admiro en todo sentido, personal y profesional.Y todas las demás que he ido conociendo de fiestas, de oficinas en las que coindicidimos, de la vida, pues.

 

Gracias mujeres, a todas. Ser madres no es lo único  ni necesariamente lo más significativo que podemos hacer con nuestras vidas. Pero gracias y felicidades a quienes han elegido de manera consciente serlo, y con ello siguen transformando el mundo. Las amo. 

martes, 2 de mayo de 2017

Sobre las selfies. Porque como especie no hacemos justicia a la evolución

En dos días he visto a tres parejas que hacen sesiones de fotos con su celular en la playa. Primero posa él, después ella. Él, casi siempre, levanta los brazos como campeón de box o se pone de perfil y ve el horizonte desinteresadamente. Ella, casi siempre, saca la cadera de lado, pone una mano en la cintura y con la otra se toma el pelo mientras sonríe. Tardan entre 20 y 30 minutos en tomar la foto que les gusta a ambos. No sé si mi molestia es porque ni en la playa puedo dejar mi neurosis y odio por el mundo atrás o porque la evolución no nos hizo justicia como especie.

Iván Avilés Calderón
Iván Avilés Calderón Mael no sé si más bien deberías iniciar ahora mismo tu sesión de fotos con tintes de desinterés! Jajaja

Elizabeth Palacios
Elizabeth Palacios Es porque eres amarguetes jejejee


Isabel Silva
Isabel Silva A qué playa te fuiste que desfilan ese tipo de personajes?! Vente al campo, juro que ni tiempo para selfies... ;)

Adriana Del Moral Creo que lo triste es que nosotros como especie, no hicimos justicia a la evolución. Toda esa capacidad craneal y el toque de fuego de la imaginación que es lo único que nos diferencia de los hermanos no humanos (porque la inteligencia defnitivamente no es) para terminar en esto... Jajajaja, te recomiendo una playa desierta. Abrazos desde NY.

jueves, 30 de marzo de 2017

En la lucha contra el silencio, la vida humana está en juego, dijo Kapuscinski. Marcela Turati llama a periodistas en EU a investigar redes de narcotráfico y corrupción

Durante su discurso principal el 22 de junio en la Conferencia de Editores y Reporteros de Investigación número 34 en San Antonio, Texas, Turati, una periodista de investigación en la revista mexicana Proceso y co-fundadora de la organización Periodistas de a Pie, describió la situación de la prensa al sur de la frontera, donde docenas de periodistas han sido asesinados en los últimos 10 años. 

Allá, los criminales han infiltrado las salas de redacción. Los periodistas que incomodan a los narcotraficantes son secuestrados y torturados. Turati dijo que un periodista mexicano alguna vez pidió una pistola, no para protegerse, sino para suicidarse en caso de que llegaran por él. Aquí su discurso.


Como ustedes saben, a partir de 2006 el presidente Felipe Calderón declaró la "guerra contra las drogas", parcialmente financiada con fondos de los Estas Unidos. Nuestro país se convirtió en un campo de batalla. Sacó a las calles a militares y policías federales supuestamente para combatir narcotraficantes, encarnando una guerra irregular que dejó al menos 70 mil víctimas de homicidio, más de 20 mil personas desaparecidas. Son crímenes sin resolver y que por eso mismo aún no terminamos de entender.

Los periodistas de muchas regiones del país quedaron atrapados en medio de los enfrentamientos. Y, por la falta de investigación por parte de las autoridades, sigue siendo difícil quiénes están verdaderamente detrás de estos crímenes.

Los periodistas mexicanos nos convertimos en corresponsales de guerra en nuestra propia tierra. En mi caso, por ejemplo, yo era una reportera que cubría historias sobre la pobreza, que de un día a otro ya estaba cubriendo masacres de jóvenes, documentando pueblos fantasmas de los que huyó la gente después de una serie de asesinatos o programas sociales para niños huérfanos por la violencia o tenía frente a mí una fila de 30 mujeres con las fotos de sus hijos desaparecidos, que querían contarme su historia.

He dedicado mucho de mi trabajo como periodista de Proceso a indagar esos episodios y a hacer visibles a las víctimas de la guerra.

A los periodistas la violencia nos encontró impreparados. De pronto estábamos ahí, avasallados, en plena confusión, en medio de una guerra que no fue como se nos dijo, contra el tráfico de drogas, sino por el control de territorios. Una guerra por ver quién se queda con los lugares de siembra de narcóticos y las rutas de tráfico y los puestos de venta de drogas en el país. Por ver quién controla el comercio, quién cobra los impuestos a los comerciantes, quién impone al alcalde, al próximo jefe de la policía y al director de las cárceles.

En un escenario así, obviamente, es indispensable tener el control de la prensa para que nadie cuestione. Para asegurar el control de la población.

Yo junto con otras colegas fundamos una organizaciones llamada Periodistas de a Pie, que se dedicaría a dar capacitación a periodistas que cubrimos la pobreza. Sin embargo, tuvimos que cambiar los temas para atender la emergencia. Los talleres eran sobre cómo sobrevivir en una cobertura, cómo entender al narcotráfico, cómo entrevistar a un niño sobreviviente de una masacre, cómo encriptar información que nos ponga en riesgo o cómo limpiarnos el alma para poder seguir cubriendo sin perder la alegría de vivir.

Cuando nos dimos cuenta ya éramos una central de atención de emergencias. Los periodistas que trabajamos en levantar esta red, a cualquier hora del día, incluso en momentos tensos del cierre de edición, hemos recibido llamadas de auxilio de compañeros de alguna zona lejana que pide ayuda desesperado porque sabe que están por ir a matarlo y busca refugio. O peticiones de apoyo psicológico para reporteros que no quieren salir a trabajar después de un evento traumático, como el incendio o el ataque a su redacción.

En esta guerra por control del territorio, hemos vivido una cacería de periodistas. A diferencia de las guerras tradicionales, en México los periodistas no mueren por un fuego cruzado, por una bala perdida, por caminar en un campo minado. En México los asesinos van por los periodistas, los sacan de sus redacciones, de sus casas, los interceptan en la calle.

Los reporteros que deberían de mandar la nota se han convertido en la nota. En los últimos 10 años, más de 17 periodistas han sido desaparecidos y más de 72 asesinados. Los crímenes no han sido resueltos.

Una de las víctimas es Regina Martínez, la valiente periodista que señalaba la corrupción y las mafias de Veracruz, lugar de donde era corresponsal para Proceso. Hace un año fue asesinada dentro de su casa por estrangulamiento. El gobierno local, que es sospechoso del crimen, determinó sin pruebas creíbles que su asesinato había sido por robo y encarceló a un joven que dijo haber sido torturado para autoculparse del crimen y que está incomunicado.

Como en los demás crímenes de periodistas, las autoridades judiciales no investigaron su trabajo periodístico como causa del asesinato. Como los demás, culpó al periodista de su muerte. Puso en duda la honorabilidad del asesinado.

Días después de su asesinato y fueron cazados otros dos periodistas con otro más que recientemente había dejado la profesión por miedo.

Sus asesinatos surtieron efecto: sirvieron para callar al resto.

Al menos 17 periodistas huyeron de ese estado, algunos financiados por el mismo gobierno del estado para que se fueran y regresaran hasta después de las elecciones. Varios dejaron la profesión en un intento para salvar su vida. A varios de ellos los hemos encontrado cortando el pasto en Estados Unidos o realizando actos de solidaridad para sostenerse, mientras esperan el juicio para pedir asilo. Otros trabajando como vendedores ambulantes en las calles de la ciudad de México o en lo que pueden, intentando rehacer su vida. Asustados, sin dinero, con la vida rota.

La situación tiene sus matices en cada región de México. En algunas zonas los narcotraficantes dejan videos o mantas y llaman a los periodistas para que las publiquen. En otras la advertencia siempre va acompañada de golpizas y los periodistas que publican información que molesta a un grupo son secuestrados temporalmente, torturados y marcados en la piel, como advertencia a que no tendrán otra oportunidad. En otras son citados a conferencias de prensa donde los capos de la zona les dictan la línea editorial, y la información que deben cubrir y la que deben ignorar. Generalmente asignan a un periodista para que de las instrucciones a los, los vigile y les pague un salario. Las redacciones también han sido infiltradas por ellos. Quien quiere rehusarse tiene que cambiar de oficio o empezar su vida en otra parte. En lugares como el DF se reciben visitas de los llamados "narcoabogados" que indican la información que molestó a su cliente. 

En esta disputa por el territorio, los medios de comunicación son blanco de ataques: reciben llamadas intimidatorias, explosiones de granadas o sus fachadas rafagueadas con armas de alto poder. Se han dado casos que los empleados (no siempre periodistas) son tomados de rehenes para obligar a que se publique algo a favor de un grupo en disputa, y algunas redacciones han sido incendiadas cuando los periodistas estaban adentro escribiendo.

Algunos estados del país se han convertido en zonas de silencio, y estamos viendo cómo el silencio se extiende. Cómo vamos perdiendo el pulso y la señal de algunas zonas que ya son territorio vedados para todos, que las que no sabemos información tan básica como cuántas personas son asesinadas cada día. Sólo cada tanto, cuando ocurre una masacre lo suficientemente espectacular como para no poder ser ocultada –como la de los 72 migrantes--, o un pueblo entero huye a otro lugar, podemos colar la nariz y asomarnos a mirar los efectos de la información que se oculta.

Uno de esos lugares está sólo a 265 kilómetros de aquí, a menos de tres horas de viaje en carretera, del otro lado de la frontera, donde la información ha sido silenciada.

Lugares como Tamaulipas donde ocurren episodios espeluznantes que podría escribir cualquier corresponsal de cualquier guerra. Podría escribir por ejemplo que durante meses, sino es que años, los pasajeros de los camiones públicos eran bajados en un sitio, ahí mismo reclutados a la fuerza, tomados como esclavos o asesinados y enterrados. A las terminales de camiones llegaban las maletas, no los pasajeros. Ocurrió muchas veces. Nadie dijo nada hasta que se descubrieron fosas con casi 200 cadáveres.

En lugares como ese y en varias partes de la franja fronteriza, gente "desaparece" en la carretera, con todo y su automóvil o su camión. Personas que van en su camino a McAllen o a Laredo, para ir de shopping o de paseo. Algunos eran americanos visitando a sus parientes en México.

Recuerdo cuando fui a Matamoros, frontera con Brownsville, a cubrir el hallazgo de la fosa con casi 200 cadáveres. Se decía que había miles, pero no se siguió excavando. A ese lugar llegaron cientos de familias de todo el país, ansiosas, porque buscaban a un hijo que se les había desaparecido.

Cuando una mujer que estaba en el lugar esperando a ver si alguno de esos cadáveres era el de su hijo, supo que yo era periodista comenzó a reclamar, furiosa.

--Periodistas ¿ya para qué vienen? Llevábamos meses diciendo que en esas carreteras se perdía gente, pero nadie nos hizo caso. Parecía que hablábamos desde abajo del mar.

Su frase, hablando desde abajo del mar, sintetiza perfecto esa situación que se vive en esa zona perdida. Donde Dallas Morning News documentó que había ocho periodistas desaparecidos, información que los propios mexicanos ignorábamos. Y donde existen campos de entrenamiento para futuros sicarios, algunos de ellos adolescentes de Laredo, Texas, que desertaron de la high school para llegar a ser asesinos del lado mexicano.

En esa tierra llena de fosas clandestinas, sembrada de cadáveres, ciudadanos son asesinados todos los días, pero sólo sabemos de los famosos, de los alcaldes o el candidato que iba a convertirse en gobernador. Hasta el cruce fronterizo es controlado por los narcotraficantes, que secuestran a quien no paga y deciden quién pasa y quién muere.

Muchos periodistas locales intentaron decirlo hasta que fueron silenciados. De la manera que pueden siguen intentando. Algunos viven con una pistola recargada sobre su cabeza, otros tuvieron que refugiarse, sólo con la llave de su casa en la bolsa, para empezar de nuevo en otro lugar. Hasta que los agarró la noche. Lo mucho o poco que pueden hacer depende de dónde viven.

Recuerdo mucho una nota de un periódico sobre casas habitadas únicamente por perros, en colonias abandonadas, que aunque no explicaba la causa del abandono era una forma de decir lo indecible.

Los ciudadanos, en esfuerzos desesperados, han intentado tomar el papel de los periodistas. Recuerdo aquel video filmado por una ciudadana anónima que salió a la calle para grabar con su celular los destrozos de la batalla de la noche anterior y las balaceras que las autoridades negaban. Usan redes sociales o crean blogs, como El Valor por Tamaulipas, donde se reciben reportes ciudadanos de los enfrentamientos armados que los medios de comunicación tienen prohibido cubrir. Aunque esos sitios de noticias no duran mucho. Los cárteles de la droga ponen precio a la cabeza de sus administradores. El gobierno también está interesado en acabar esa fuente de información que contrarresta la publicidad oficial que indica que no pasa nada.

Conozco a un periodista que entró a Tamaulipas a reportear y estando en la plaza principal, frente al palacio de gobierno, fue rodeado por un convoy de camionetas que llevaba en sus placas la insignia del cártel al que pertenecía. El y el camarógrafo fueron secuestrados, torturados, advertidos de que no siguiera preguntando. En ese lugar la tierra se tragó al freelance Zanne Plemmons de San Antonio, que salió del hotel donde se hospedaba en Tamaulipas para tomar unas fotografías y no regresó jamás. Desconocía que ese es un lugar prohibido para ir a reportear. Otra reportera que administraba un blog aparentemente ciudadano que informaba por dónde no transitar para evadir balaceras y así como denuncias ciudadanos fue decapitada y junto a su cuerpo se encontró un mensaje contra quienes usan redes sociales. ¿Cómo puede decirse que el periodismo es posible en una zona así?

La violencia ha alcanzado a la ciudad de México. Un ejemplo es la revista para la cual trabajo, Proceso, fundada hace casi cuatro décadas y aún considerada líder en investigaciones sobre corrupción y crimen organizado. Proceso es uno de los medios que más agresiones ha sufrido. No sólo el asesinato de Regina Martínez, también cuatro periodistas han tenido que ser desplazados forzosamente --unos afuera del país, otros reubicados de una ciudad a otra. Sólo esta año, cuatro han sido amenazados y varios han tenido que recurrir al mecanismo gubernamental de protección recién creado, que estamos probando a ver si funciona.

No es un caso único, existen otras más golpeadas como Notiver, en Veracruz, que cuenta con cuatro periodistas asesinados y uno exiliado.

Ante esta situación varios periodistas, sin saber cómo, de pronto nos convertimos también en defensoras de derechos humanos. Hemos convocado a marchas para exigir que cese la impunidad y se haga justicia a nuestros colegas, subastas y colectas en apoyo a periodistas refugiados y desplazados o informes sobre la situación de censura en zonas como Veracruz. También apoyamos a pequeñas redes de periodistas locales para que se fortalezcan, se organicen y creen sus propios protocolos para enfrentar emergencias. No estamos de acuerdo en que la única solución para atender las emergencias –por parte del gobierno y de algunas organizaciones internacionales—sea sacar a los periodistas de su lugar de origen. Porque de esa manera los silenciadores ganan la partida.

Nuestra batalla actual no es sólo por la libertad de expresión, es por el derecho de la gente a estar informada.

En un panorama como este el periodismo de investigación ha sucumbido. Los periodistas no somos más el perro guardián de la democracia, como nos solíamos definir. En muchas regiones ese perro está encadenado, amordazado, no tiene permiso de ladrar. Es un perro golpeado, "levantado" y "tableado" para que aprenda a no ladrar cuando viene el enemigo. Es un perro domesticado por gobernantes que le compraron su silencio. Es un perro forzado a cerrar los ojos ante los ilícitos y voltear a otra parte.

Pocos son los perros bravos que siguen peleando para defender a los dueños de la casa que cuida y que luchan para que no les pongan encima la cadena. Porque hay esfuerzos aislados, individuales, de verdaderos héroes que se juegan la vida con cada nota.

Claro que no todos los lugares son extremos y de muerte. Pero la muerte va ganando territorio. El silenciamiento se va extendiendo no sólo a punta de balazos, también con métodos más sofisticados como las amenazas de los políticos al encarcelamiento al periodista que escribió una nota que no gustó. Mediante la compra de publicidad gubernamental en los medios para controlar su contenido, a manera de castigo o recompensa. O la compra directa de los propietarios o directores.

El presidente recién electo ha insistido en "hablar bien" de México. En este momento políticos y crimen organizado tienen un mismo objetivo: que no se caliente la plaza. Que la violencia no salga en los medios para dar la impresión de que lo que ocurre son hechos aislados.

Los asesinatos o desapariciones de periodistas no son casuales. Los blancos algunas veces son reporteros incisivos que aparentemente han sido seleccionados para mandar un mensaje poderoso y silenciarlos no sólo a ellos, sino a los demás a través de ellos.

Ramón Angeles Zalpa denunciaba la extracción de recursos naturales, de mineras y tala bosques del crimen organizado en Michoacán, su tierra. No volvió a ser visto jamás.

María Esther Aguilar Casimbe, también en Michoacán, publicó la nota de un alcalde narcotraficante, la historia de un policía torturador y el decomiso de un cargamento. Cualquiera de las tres pudo ser causa de su desaparición.

Alfredo Jiménez Mota, el que inauguró la lista de desapariciones, era un joven valiente, que investigaba a un capo local. Salió a una entrevista, no se le vio más.

En 1976 la IRE hizo un enorme esfuerzo para shed light en el asesinato de Bolles por traficantes. Ustedes no se sentían capaces de vivir con este asesinato encima e hicieron un gran esfuerzo para investigar porque él era uno de los suyos. En el otro lado de la frontera los periodistas están muriendo como moscas. Algunos eran jóvenes que soñaron con ser periodistas de investigación, otros eran periodistas especializados que murieron investigando historias. Mañana puede ser el reportero que un día les dio información cuando acudieron a cubrir algo y necesitaban un guía local. Puede ser cualquiera.

Uno de ellos, Armando Rodríguez, "El Choco", fue un miembro del proyecto IRE-México y habló en sus conferencias. Él era el reportero que para El Diario de Juárez tomaba el pulso de la ciudad y los asesinatos diarios. Fue asesinado cuando llevaba a su hija a la escuela.

Ellos y ellas son sus colegas, nuestros colegas, miembros de la familia de reporteros de investigación. Por eso les digo que no nos ignoren. Este problema y esta técnicas que mencioné no se detienen en la frontera. En un taller de IRE supe por reporteros de Laredo y McAllen, Texas, que ellos también reciben amenazas y la prohibición de cruzar la frontera. El corresponsal Alfredo Corchado fue amenazado adentro de un bar en Texas.

Reconozco que algunos periodistas estadounidenses han hecho grandes esfuerzos por hacer una buena cobertura. Algunos de ustedes seguramente viajaron a Ciudad Juárez, casi todos los diarios del mundo tuvieron a alguien ahí, e hicieron una cobertura magnífica. Hay asuntos que se descubrieron gracias a la cobertura de periodistas de investigación americanos o sus corresponsales, como la operación "Rápido y Furioso", que tanto nos indigna. O la revelación de la existencia de bases de datos con hasta 25 mil nombres de personas desaparecidas el sexenio anterior.

Pero conforme pasa el tiempo tanta muerte, tanta masacre, tanta fosa, tanto cuerpo, tanto desaparecido deja de ser noticia.

Como la periodista Lise Olsen escribió en un libro próximo a salir que menciona que por razones económicas y por la violencia, los medios de comunicación han despedido a muchos reporteros que cubren la frontera, algunos de ellos con experiencia y buena información, o eliminado sus corresponsalías. Ha sido el caso de medios fronterizos tan importantes como The San Diego UnionLos Angeles TimesThe Arizona Republic, Dallas Morning NewsHouston Chronicle y Express-News.  En algunos casos no permiten a sus reporteros cruzar la frontera. Y medios mexicanos y estadounidenses cubren menos la relación bilateral.

En varios foros de periodismo la gente nos preguntan: cómo podemos ayudarlos.

Podríamos decir que con colectas, que brindando asilo, que concientizando sobre la situación, pero lo que pedimos es que hagan acá su trabajo. Pero lo que necesitamos de los miembros de IRE es que hagan si trabajo en su país. Que investiguen las redes de tráfico en su país. Que compartan este problema que es mutuo.

No es sólo el tráfico de armas que matan en nuestro país. Es investigar la política estadounidense hacia México y a los funcionarios estadounidenses corruptos, a los vendedores de drogas y pandillas locales, los lavadores de dinero y los empresarios que hacen negocio con el dinero sucio. Los líderes de cárteles y sicarios que también son ciudadanos americanos, los que viven o tienen propiedades aquí.  

No pedimos nada que no les competa. Como amigos que somos, necesitamos ver que ustedes encaran el problema como propio. Que se pregunten quién es mi vecino. Quién realmente controla los estados vecinos. Porque compartimos 3 mil kilómetros de frontera. Porque, ustedes lo han reportado, los cárteles mexicanos tienen presencia en más de 200 ciudades, y el número sigue aumentando.

También pueden empujar a sus propios medios a que cubran historias sobre cómo la política mexicana ha costado vidas o forzado a periodistas y a otras muchas personas al exilio. Muchos de esos obligados a desplazarse están aquí, en Texas, y están anotados en la lista, siempre creciente, de los buscadores de asilo.

Me hubiera gustado venir aquí a hablarles de otro panorama. Decirles cómo fructificaron los cursos que IRE (con Lise Olsen a la cabeza) organizó en los 90 en la ciudad de México y en los dos encuentros binacionales en Tijuana y Ciudad Juàrez. O lo empoderadas que están las redacciones que durante esos años invirtieron en capacitación a su gente.

¿Qué más queda si rafaguean tres veces a un diario como El Siglo de Torreón, aun cuando cuenta con protección federal? ¿O si te matan editores y te avientan una granada que hiere a periodistas a un diario como El Mañana, en Tamaulipas? ¿Qué niveles de violencia vivió El Diario de Juárez, con dos reporteros asesinados, para escribir una editorial que pregunta a los capos de la droga que controlan la ciudad cuáles son sus reglas, evidenciando que no es el gobierno federal el que controla la ciudad fronteriza más grande?

El combate por controlar la información se libra en este mismo momento. Y vemos también que no todo está perdido, que se están haciendo esfuerzos importantes de valentía. El semanario Zeta, de Tijuana, por ejemplo, mensualmente nos indica las cifras correctas de asesinados cuando la información oficial no es creíble. O RíoDoce reporta desde el estado donde nacieron la mayoría de los capos de la droga y tienen a sus familias.

Ha habido también esfuerzos de periodistas fronterizos que han abierto portales de noticias desde el lado texano, bajo otro nombre, para publicar sin ser detectados las notas donde no pueden. O esfuerzos de editores que se pusieron de acuerdo en publicar una misma nota cuando presionan a alguien del grupo. O colaboración entre reporteros y corresponsales extranjeros, para que la información prohibida en México se divulgue desde otro país.  Conozco a varios que están escribiendo a escondidas un libro, esperando que las condiciones cambien y puedan publicarlo.

También hemos creado nuestras propias redes, como la que les he contado, para crear condiciones de autocuidado y protección al ver que estamos entre varios fuegos: el de las empresas que no responden por sus reporteros, el del gobierno, el del crimen organizado.

Llevo en el alma atorada una historia que me contó un reportero. La repito mucho, quizás ya lo escucharon, pero no puedo dejar de repetirla.

Una noche recibió una llamada en la que le avisaban que un escuadrón de hombres armados había sacado de su casa al colega y amigo con el que él cubría información policiaca. El se levantó de la casa, se vistió, se despidió de su esposa, besó a sus hijos y se sentó en la sala a esperar a que fueran por él. Esa fue la noche más larga de su vida.

-¿Por qué no huiste?, le pregunté sorprendida.

-¿A dónde podía correr?, respondió. Mi único deseo era que no entraran a mi casa y me atraparan frente a mi familia. No quería que mi familia se quedara con esa imagen.

Él sobrevivió y puede contarlo, pero su amigo apareció al siguiente día, muerto, tirado en la calle, como si fuera basura. En la ciudad donde vive, los policías son los narcos.

Tengo otra que no olvido. Me la contó una colega que atendió un llamado de periodistas de Veracruz en crisis, quien le preguntó a uno del grupo en qué podíamos ayudarlo. El le dijo: Tráeme una pistola.

Ella quedó estupefacta. ¿Una pistola?

-Si, no es para matarlos a ellos, es para matarme por si vienen por mí, porque ya no sólo matan, ahora torturan.

Cuando pienso en estas historias me pregunto cuántos periodistas estarán sintiendo esa misma soledad cada noche, sin saber a quien llamar, resignados al hecho de que ser asesinado es un riesgo laboral.

Entonces, la pregunta del qué podemos hacer toma sentido distinto. Pueden hacer muchas cosas. Podría recomendarles que hagan muchas cosas, pero lo que se tiene que hacer periodismo, porque eso somos, periodistas. Necesitamos desnudar el negocio , las redes de tráfico de armas y de droga, las autoridades corruptas, dar seguimiento en los juicios para develar las piezas del rompecabezas de donde quedaron las personas desaparecidas, qué gobernador financió su campaña con dinero del narcotráfico. Seguir el narco-dinero. Esa información está aquí.

¿Qué pueden hacer para ayudarnos? Un amigo mío del semanario RíoDoce me lo dijo de esta manera: "Están aislando a los que seguimos cubriendo la violencia. No nos abandonen". Eso mismo digo a ustedes.

Como el periodista polaco Ryszard Kapuscinski escribió un día: En la lucha contra el silencio, la vida humana está en juego.

Gracias.

*** Mis agradecimientos a Alma Delia Fuentes, Daniela Pastrana, Elia Baltazar, John Gibler, Mike O'Connor, Tracy Wilkinson, Alfredo Corchado, Lise Olsen, Javier Garza, Margarita Torres, Sandra Rodrìguez, Gerardo Albarrán, Alejandra Xanic and Jorge Luis Sierra por su retroalimentación como colegas y amigos, por brindarme artículos, consejos, ideas o compartir conmigo sus experiencias, y que fueron material prima e insumo para escribir estas palabras.









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