martes, 16 de marzo de 2010

Lhasa de Sela

La primera vez que la escuché fue en casa de un amigo, con la luz baja, tomando vino frente a una mesa atestada de libros. Me encantó. Él me dijo que había pasado su infancia errante y que había sido parte de un circo. 

En Baja California, seguro en Rosarito o alguna de las playas del norte, le canté a E. la canción de "Para el fin del mundo o el año nuevo".

Compré sus discos de La Llorona y The Living Road, y hoy buscando sus canciones en YouTube me enteré que murió de cáncer en enero.


Este año ha muerto demasiada gente: Lhasa, Esther Seligson, Carlos Montemayor... Y apenas es  marzo.

jueves, 11 de marzo de 2010

De Benedetti

Defender la alegría como una trinchera, defenderla del escándalo y la rutina, de la miseria y los miserables, de las ausencias transitorias y las definitivas.
Defender la alegría como un principio, defenderla del pasmo y las pesadillas, de los neutrales y de los neutrones, de las dulces infamias y los graves diagnósticos.
Defender la alegría como una bandera, defenderla del rayo y la melancolía, de los ingenuos y de los canallas, de la retórica y los paros cardiacos, de las endemias y las academias.
Defender la alegría como un destino, defenderla del fuego y de los bomberos, de los suicidas y los homicidas, de las vacasiones y del agobio, de la obligación de estar alegres.
Defender la alegría como una certeza, defenderla del óxido y la roña, de la famosa pátina del tiempo, del relente y del oportunismo, de los proxenetas de la risa.
Defender la alegría como un derecho, defenderla de dios y del invierno, de las mayúsculas y de la muerte, de los apellidos y las lástimas del azar, y también de la alegría misma.

Mario Benedetti


martes, 9 de marzo de 2010

miércoles, 17 de febrero de 2010

De José Emilio Pacheco, cortesía de Carlos

Ya todo pasó. Ahora nos vemos y nos hablamos como si nada.
Como si la nada hubiera devorado lo que ocurrió entre nosotros.

*      *      *

No se alcanza por fecha de nacimiento
Ni consta en los archivos oficiales
Nos graduamos de adultos nada más cuando alguien nos deja
en plena juventud llega de pronto el sabor de la muerte.


José Emilio Pacheco, Como la lluvia (poemas 2001-2008), Era, 2009.

lunes, 15 de febrero de 2010

Presente histórico

Desconfío de los libros que insinúan que el pasado fue mucho más noble, cuando ni el propio autor volvería si pudiese. Y también desconfío de los libros que intentan convencernos de que el pasado fue peor  en todos los sentidos, que es lo que suele decirse para disimular las injusticias del presente. Quiero decir, y perdonen el discurso, que el presente es también histórico.

Andrés Neuman, El viajero del siglo, Alfaguara, 2010.



Para Alfredo con amor, aunque recordemos cosas distintas de esa semana que fue como varios meses con el cielo más bellamente oscuro y lleno de estrellas sobre nuestras cabezas. Para el maestro Alfredo con admiración, por tu labor bien llevada, por elegir la docencia sobre la burocracia, sobre el dinero, sobre la traición. Para Alfredo, de Pato pecas, con cariño, porque ahora intercambiamos nuestras anécdotas domésticas.

Ya cumplí. ¿Me invitas a comer con los Krishna? Anda.

miércoles, 10 de febrero de 2010

La luz que se nos fue

Murió Esther Seligson, maga de las palabras de las faldas susurantes y gestos definitivos. Murió la viajera perpetuamente exiliada, la maestra, la traductora, la mística. Pero no se mueren quienes nos revelan la eternidad.



Si para que el mundo existiera tuvo que operarse un vacío, y si para que el hombre ocupara un lugar en él tuvo que operarse otro vacío, ¿qué tenía entonces de particular que los humanos fuesen seres de nostalgia?

Esther Seligon, La morada en el tiempo

El cuerpo no es un laberinto donde se pierde otro cuerpo tanteando a ciegas; es, por el contrario, un lento descender en círculos concéntricos y aún más lento ascenso aglutinante (...); sendero que el tacto recorre con parsimonia gozosa como quien deja corren entre los dedos uno a uno delos granos de arena, las gotas de agua...

Esther Seligson, Diálogos con el cuerpo

El aroma de las calles revuelve en mi boca el sabor de tu ausencia.

Para mí el adiós no fue una separación ni una partida. Decir adiós es alejar a la muerte, desafiarla, reducirla, deshacerse de ella porque ella se deshace de sí misma. Decir adiós, avisan los poetas, es el más fuerte de los asideros, la medida mayor de la resistencia a separarse.   ¿Y se acaba un adiós?   No tenía por qué dudar de su fidelidad ni por qué temer el olvido:   habíamos creado un puente que ambos sabríamos atravesar de orilla a orilla sobre el río de la ausencia.

Esther Seligson, Sed de mar

Aquello que desconoces de ti mismo es lo que te impide amar.

Esther Seligson, Hebras

jueves, 4 de febrero de 2010

El nombre y la ausencia. De cuando vino Derek Walcott y Raquel se vio siendo como su esposa

AFOLABE

Un nombre significa algo. Las cualidades deseadas en un hijo,
y aun en una hija; así, aun las sombras que te nombraron,
de ti esperaron una virtud, porque cada nombre es una bendición,

porque me acuerdo de la esperanza que me formé sobre tu persona
cuando eras niño. Sólo que el sonido no quiere decir nada.
Entonces serías nada. ¿Creían que eres nada en ese otro reino?

AQUILES

No sé qué significa el nombre. Significa algo,
tal vez. ¿Qué mas da? En el mundo de donde vengo
aceptamos los sonidos que nos dieron. Hombres, árboles, agua.

AFOLABE

Por lo tanto, Aquiles, si yo te señalara y dijera: He aquí
el nombre de ese hombre, ese árbol y ese padre,
¿sería cada sonoido una sombra que atravesó tu oído

sin la forma de un hombre o de un árbol? ¿Qué sería?
(Y así como las ramas se mecen al ocaso por temor
a la amnesia, al olvido, la tribu comenzó a afligirse.)

AQUILES

¿Qué sería? Sólo puedo decirte lo que creo,
o tuve que creer. Era el presagio, y el recuerdo
de volver al terruño, de ser traído aquí por una golondrina,

o la sombra de una golondrina haciendo la señal de la cruz
sobre las aguas, con el mismo signo con que fui bendencido,
con el dond de este sonido cuyo significado no me importa aún no conocer.

AFOLABE

Nadie pierde su sombra, sólo cuando es de noche,
pero aun entonces su sombra está oculta, no perdida. Con el brillo
de la aurora, él se alza sobre su propio nombre con esa luz.

Cuando baja caminando al río con los otros pescadores,
su sombra se estira en la mañana, y bosteza, pero tú,
si te contentas con no saber lo que significan nuestros nombres,

entonces yo no soy Afolabe, tu padre, y tú miras por mi cuerpo
como la luz a trvés de una hoja. No soy aquí ni una sombra.
Y tú, hijo sin nombre, eres sólo el espectro de un nombre.

¿Por qué nunca te eché de menos sino hasta que regresaste?
¿Por qué no te he echado en falta, hijo mío, sino hasta que estuviste perdido?
¿Eres el humo de una llama que nunca ardió?

No hubo respuesta a eso, como en la vida. Aquiles asintió con la cabeza,
las lágrimas nublaron sus ojos, donde se reflejaba el pasado
lo mismo que el futuro. Bajó la cabeza, de blanca espuma.

Derek Walcott, Omeros, Barcelona, Anagrama, 1994, Libro tercero, Capítulo XXV, III (versión de José Luis Rivas).

jueves, 28 de enero de 2010

Sin duda todo está muy bien y todo está muy mal, sin duda

No tan alto

De cuando en cuando y a lo lejos
hay que darse un baño de tumba.

Sin duda todo está muy bien
y todo está muy mal, sin duda.

(...)

Hay que darse un baño de tumba
y desde la tierra cerrada
mirar hacia arriba el orgullo.

Entonces se aprende a medir.
Se aprende a hablar, se aprende a ser.
Tal vez no seremos tan locos,
tal vez no seremos tan cuerdos.
Aprenderemos a morir.
A ser barro, a no tener ojos.
A ser apellido olvidado.

Hay unos poetas tan grandes
que no caben en una puerta
y unos negociantes veloces
que no recuerdan la pobreza.
Hay mujeres que no entrarán
por el ojo de una cebolla
y hay tantas cosas, tantas cosas,
y así son, y así no serán.

Si quieren no me crean nada.

Sólo quise enseñarles algo.

Yo soy profesor de la vida,
vago estudiante de la muerte
y si lo que sé no les sirve
no he dicho nada, sino todo.
Pablo Neruda, Estravagario

lunes, 25 de enero de 2010

De amor y música

The Man I Love
Él, que evidencia mi corazón,
que tiene en sus manos la fuerza
que me enciende, él es un marino que canta
la canción del nauta, aún atatado a grilletes
canta la canción que me convida, ese
taumaturgo, porque él es mi hombre,
él me arrebola y sé que él me ama.
Quiero ser agua y que me beba. Quiero ser
lecho donde duerma. Quiero ser la estrella
de su aire tibio. Quiero ser la gacela de su
hambre. Quiero que me mire y me
sorprenda. Quiero ser un viento del Oriente
y que me aspire. Quiero espiar su retrato y
ver los gestos del hombre que amo.
(...)
Si viene solo, yo estoy sola. Yo estoy
sola siempre sin él. En mi cuerpo hallará un
amor diferente, una sinfonía para
embriagarnos en el foro de mi noche y de mi
día, él es el hombre que amo. Él es una
agitación de gigantes: el hombre que amo. Y
si me mira, sonrío y me ruborizan sus
anhelantes ojos negros. Sus manos desnudas,
sus brazos que son tenazas de fuego.El
hombre que amo es casa de la pasión y
mansión de los deseos.
--p.13

Casablanca

Con el paso del tiempo lo querido cambia.
Cambian los hombres y las ciudades, cambia
el mundo. No hay promesas que recordar,
porque hay olvido. Los amantes se  separan o
se pierden con el paso del tiempo. Nuestra
alma es una provincia que presereva unos
cuantos recuerdos, si tenemos los ojos abiertos.
--p.31

Lágrimas negras
Y con tu partida, todos los remedios son vacuos
y anotados en papelitos,
llenan montañas.
--p. 40

Una noche en la Ópera
Los acontemcimientos no tienen orden; la vida es un
chiste y que sólo la muerte, que puede ser una
bufonada, nos saca de él.
p. 42

Algo flota sobre el agua
Hubo necesariamente muertos: siempre hay
tormenta en el amor.
--p. 43

Startdust
Siempre me pregunto dónde dejé el amor.
--p.45


Mario del Valle, El torso de una mandolina, Papeles Privados, 2009.

miércoles, 20 de enero de 2010

Tristano muere, invierno en Lichtenstein

Mi amiga Thelma mudó a Lichtenstein para casarse allá. Desde luego, la extraño mucho y muero por ir a verla pronto. Ahora la pienso mucho entre la nieve, lidiando con esos climas tan distintos a los que tenemos aquí (aunque esté nevando en Zacatecas, Coahuila y otros lugares).

Como parte de su herencia yo me quedé con varios de sus libros y un vestido. Dejo ahora algunas citas de Tristano muere, libro de Antonio Tabucchi que he leído y ahora paso a su amigo Memo.

(...) de la vida es más lo que no recordamos que lo que recordamos...
--p. 10

(...) la vida uno debe llevársela a la tuma. Me refiero a la vida verdadera, la que se vive dentro. Para dejársela a los demás, basta con la vida que se vive por fuera, es ya tan evidente, tan impositiva.
--p. 12

Los hombres no se mueven, quedan hechizados en distintos momentos fijos, sólo que no lo saben, nosotros creemos que hay un flujo continuo que poco a poco se evapora, y en cambio, no, en alguna parte del espacio queda este momento fijo con su gesto y todo, como en un hechizo, una fotografía si su placa. Es necesario saber verla, pero ahí está, te lo dijo yo.
--p. 43

"Y lejos, muy lejos en el tiempo, tal vez algún día en los ojos de otro encuentres algo de mis ojos".
--p. 84, fragmento de una cación de Luigi Tenco, en italiano en el original.

... a veces eso pasa, estás a punto de convertirte en héroe y todo acaba en mierda... (...) a menudo los heroísmos acaban en mierda, mejor dicho, casi siempre, pero eso no debe decirse, no es adecuado para la educación de los niños (...).
--p. 91-92

Y a veces me pregunto si lo que te cuento es mío porque lo cuento yo es tuyo porque lo escribes tú... Las cosas ¿pertenecen a quien las dice o a quien las escribe?
--p. 97



... he visto otros enigmas como flores abiertas en el vacío, faldas vacías que reclamaban cuerpos convertidos en aire, y he visto el corazón de una muchacha olvidado en una jaula, excrementos de león, el circo estaba lejos, y el tiempo era una fortaleza defendidada por muros de piedra y de estupor, y sobre aquellos amuros se había posado una paloma ciega, pero ¿cómo descifrar lo que los héroes no cuentan?, ¿cómo vencer al mar si la navegación es libre pero está prohibido contruir barcos?...
--p. 106

¿Sabes cuál es la verdadera naturaleza de la traición? Que es traidora, que traiciona incluso a quel que traiciona, y no tiene confines, como la sombra sobre el paisaje, empiezas por traicionar un amor, o un leve cariño, quiero decir, una cosa de nada, un gato por ejemplo, y acabas por llegar a ti mismo, pero tú no sabías que acabarías por llegar a ti mismo, pues entonces no hubieras dado el primer paso, y en cambio ese paso precisamente, uan cosita de nada que tan insgnificante te parecía, se ha convertido en una catástrofe, es un aluvión, la riada te arrastra, tú braceas, braceas, no se puede nadar en la riada.
--p. 118

martes, 19 de enero de 2010

@vellana

Y vine al norte a llamarme Avellana. ¿Y él? Chayoti, como que su barba pica.

miércoles, 13 de enero de 2010

Carta de amor del cronopio mayor

No nos dejes plantados. Beberemos, nos mojaremos, reiremos, hablaremos y vagaremos de madrugada por las calles que tan bien conocemos. Ve.



Todo lo que de vos quisiera
es tan poco en el fondo
porque en el fondo es todo,

como un perro que pasa, una colina,
esas cosas de nada, cotidianas,
espiga y cabellera y dos terrones,
el olor de tu cuerpo,
lo que decís de cualquier cosa,
conmigo o contra mía,

todo eso es tan poco,
yo lo quiero de vos porque te quiero.

Que mires más allá de mí,
que me ames con violenta prescindencia
del mañana, que el grito
de tu entrega se estrelle
en la cara de un jefe de oficina,

y que el placer que juntos inventamos
sea otro signo de la libertad.

martes, 12 de enero de 2010

Autobiografía de Rojo de Anne Carson

Por fin, luego de casi un año de que revisara las primeras pruebas, salió este libro de Anne Carson. La traducción de Tedi López Mills es excelente, y el libro es bellísimo. Dejo algunos fragmentos que estuvieron durmiendo meses en la computadora.


El sonido de los caballos era el de rosas que se queman vivas.
IX

Nos concebiríamos de modo continuo con el mundo si no tuviéramos estados de ánimo.
Es una disposición mental que nos revela
(sostiene Heidegger) que somos seres a quienes se les ha arrojado dentro de algo distinto.
¿Algo distinto de qué?
Gerión recargó su frente acalorada contra el vidrio mugroso y lloró.
Algo distinto de este cuarto de hotel,
se oyó decir a sí mismo y unos instantes después avanzaba entre las zanjas huecas
de la avenida Bolívar. El tráfico era escaso.
Caminó junto a quioscos cerrados y vitrinas vacías. Las calles se hicieron más /estrechas, más oscuras.
En declive.
XXI. Tango


(...)y el cuerpo entero
de Gerión formó el arco de un grito–apuntado a esa costumbre, la costumbre humana
del amor equivocado.
XXIV. Libertad

Heracles encendió el motor y brincaron hacia delante sobre el lomo de la noche.
Sin tocarse
pero unidos en el asombro como dos heridas que yacen paralelas en la misma carne.
X. La pregunta del sexo



Un volcán sano es un ejercicio en los usos de la presión.

_______________________

Gerión estaba sentado en la cama de su cuarto de hotel meditando acerca de las /grietas y las fisuras
de su vida interior. Puede ocurrir
que la salida de la abertura volcánica esté bloqueada por un tapón de roca, lo cual /empuja
a la materia fundida hacia los costados a través
de las fisuras laterales llamadas labios de fuego por los vulcanólogos. Sin embargo, /Gerión no quería
convertirse en una de esas personas
que no piensa en nada salvo en sus depósitos de dolor. Se inclinó sobre el libro en /sus rodillas.
Problemas filosóficos.
"…Nunca sabré cómo ves tú el rojo y tú nunca sabrás cómo lo veo yo.
Pero esta separación de las conciencias
se reconoce sólo después de una falla en la comunicación, y nuestro primer /impulso es
creer en un ser indivisible entre ambos…"
Mientras leía Gerión sintió algo así como toneladas de magma negro en ebullición
en las regiones más profundas de sí mismo.
Movió la mirada de vuelta al inicio de la página y comenzó de nuevo.
"Negar la existencia del rojo
es negar la existencia del misterio. El alma que así lo hace algún día enloquecerá."
Una campana de iglesia tañó a lo largo de la página
y la hora de las seis p.m. se derramó por el hotel como una ola. Se encendieron
lámparas y colchas blancas se lanzaron hacia delante,
agua corrió dentro de las paredes, el elevador se estrelló como un mastodonte en
su jaula hueca.
XXXII. Beso


Y ahora el tiempo se lanza hacia ellos
ahí donde están parados uno junto al otro, los brazos tocándose, la inmortalidad en /sus caras,
la noche a sus espaldas.
XLVII. Los instantes en que un hombre se adueña de sí mismo

martes, 8 de diciembre de 2009

Dice George Orwell que todo libro es un fracaso

Para Orwell hay cuatro principales motivos que llevan a alguien a escribir. Según él, el primero es:

"El egoísmo agudo. Deseo de parecer listo, de que hablen de uno, de ser recordado después de la muerte, resarcirse de los mayores que le despreciaron a uno en la infancia, etc., etc. Es una falsedad pretender que no es éste un motivo de gran importancia. Los escritores comparten esta característica con los científicos, artistas, políticos, abogados, militares, negociantes de gran éxito, o sea con la capa superior de la humanidad. La gran masa de los seres humanos no es intensamente egoísta. Después de los treinta años de edad abandonan la ambición individual -muchos casi pierden incluso la impresión de ser individuos y viven principalmente para otros, o sencillamente los ahoga el trabajo. Pero también está la minoría de los bien dotados, los voluntariosos decididos a vivir su propia vida hasta el final, y los escritores pertenecen a esta clase. Habría que decir los escritores serios, que suelen ser más vanos y egoístas que los periodistas, aunque menos interesados por el dinero".

Al final de su texto "Por qué escribo" (publicado originalmente en Gangrel nº 4, verano de 1946. Traducción de Rafael Vázquez Zamora en A mi manera, Ed. Destino, 1976, tomado del sitio de la fundación Andreu Nin), dice:

"Mirando la última página, o las dos últimas, veo que he hecho parecer que mis motivos al escribir han estado inspirados sólo por el espíritu público. No quiero dejar que esa impresión sea la última. Todos los escritores son vanidosos, egoístas y perezosos, y en el mismo fondo de sus motivos hay un misterio. Escribir un libro es una lucha horrible y agotadora, como una larga y penosa enfermedad. Nunca debería uno emprender esa tarea si no le impulsara algún demonio al que no se puede resistir y comprender. Por lo que uno sabe, ese demonio es sencillamente el mismo instinto que hace a un bebé lloriquear para llamar la atención. Y, sin embargo, es también cierto que nada legible puede escribir uno si no lucha constantemente por borrar la propia personalidad. La buena prosa es como un cristal de ventana. No puedo decir con certeza cuál de mis motivos es el más fuerte, pero sé cuáles de ellos merecen ser seguidos. Y volviendo la vista a lo que llevo escrito hasta ahora, veo que cuando me ha faltado un propósito político es invariablemente cuando he escrito libros sin vida y me he visto traicionado al escribir trozos llenos de fuegos artificiales, frases sin sentido, adjetivos decorativos y, en general, tonterías".
 

jueves, 26 de noviembre de 2009

Minicuentos sin dinosaurio

Van algunos de los textos elegidos en el Segundo Concurso de Minicuento, 2009, de la Revista Asfáltica.

No me encantó el primer lugar, sí el segundo, que aparece aquí junto con unas menciones francamente buenísimas.


Ese sabor
El día de la coronación, hubo vítores y abundante vino. Más tarde,
en la cámara nupcial, el nuevo rey desvistió a la reina, quien,
a pesar de la edad, aún mantenía una figura atractiva. Una vez
desnuda, la tumbó sobre la cama. Le besó los muslos, la vagina, el
ombligo, y finalmente los senos. El sabor de los pezones a Edipo
le resultó familiar. Qué raro, pensó, me he acostado con medio
mundo, pero no recuerdo haber estado antes en esta ciudad.
Daniel Avechuco Cabrera
(Hermosillo, Sonora, México)

Nomás tantito
Sus padres, histéricos, le dijeron que no. También sus abuelos,
paternos y maternos. No, exclamaron sus hermanos. No, gritó
el sacerdote, llevándose la Biblia al pecho. Los árboles, la noche,
incluso los grillos parecían estar de acuerdo en que no. Y fue
así que el niño, muy a su pesar, tuvo que volver al cementerio.
Carlos Alvahuante Contreras
(Tlalpan, Distrito Federal, México)

Cobardía
A pesar de haber muerto hace siete años mi abuelita apareción
en una reunión familiar. Todos la recibimos con gusto y, como un
acuerdo implícito, nadie mencionó su condición de muerta, para
no molestarla.
La velada transcurrió cómodamente, pero, al
despedirnos, ninguno de nosotros se ofreció a llevarla.
Laura Elisa Vizcaíno Mosqueda
(Benito Juárez, Distrito Federal, México)

Incertidumbre mortal

—…
— ¿Dios?... ¿eres tú?...
Edgard Mauricio Peña Montalvo
(Coyoacán, Distrito Federal, México)


sábado, 21 de noviembre de 2009

Si le queda el saco al SME, que se lo ponga. Sobre sindicatos y si Bakunin los viviera, de seguro se muriera (otra vez).

Para mi familia, la de sangre (sobre todo papá Toño) y la elegida. Para Luis Hernández Navarro, para Alfredo y el Arturo.

Se ha convertido en mi última confesión política: me encantaría decir que apoyo al SME; la verdad es que no puedo. Me encantaría decirlo porque me considero de izquierda, porque si tuviera que elegir un "ismo" con qué definirme, éste sería sin duda el anarquismo y por ende, le concedo un peso importante al sindicalismo.

Quisiera decir que estoy con el Sindicato Mexicano de Electricistas porque el noventa por ciento de mis visiones políticas quedaron selladas cuando mis tíos adorados (que se conocieron y enamoraron en el sindicato de telefonistas) me prestaron El corto verano de la anarquía en una edición de antes de que yo naciera. Que estoy con los electricistas porque mi tatarabuelo materno fue de los fundadores del sindicato de CFE en Guadalajara y eso le costó el trabajo y terminar sus días trabajando en el club Atlas (lo que explica la irrevocable lealtad de mi familia por el equipo: les van aunque ganen).

Quisiera decir, como han hecho muchos adherentes, que al final estoy con ellos porque son trabajadores, como todos nosotros y todos mis compañeros. Pero tampoco puedo.

I: Si Bakunin, viviera, al ver esto se muriera...

Siempre he pensado que, de alguna torcida forma, el sindicalismo mexicano ha naufragado en la mayoría de sus experiencias. Mientras que en los países escandinavos los sindicatos sirven (si creemos a Newskeek) para llegar a acuerdos de productividad a cambio de mejores condiciones de trabajo, mi experiencia con algunos sindicatos mexicanos es que sirven para justificar ausentismos y alegatos de pereza disfrazados de un "no está en mis funciones", o "ya no es hora de oficina". Y todo eso sólo da argumentos a quienes proponen la compra-venta salvaje del trabajo (con prestaciones mínimas para el empleado, y máximos beneficios para el patrón) como la panacea a todos los problemas laborales.

También el sindicalismo mexicano tiene otro rostro más trágico que, para añadir dolor a la pena, (como dijera Miguel) no está peleado con el anterior: el charrismo. Pero de esa película de horror trágico-surrealista es otra historia, y como diría Ende, merece ser contada en otra ocasión.

viernes, 20 de noviembre de 2009

El pollero estrella

Mi vida de ama de casa alcanzó su momento cumbre cuando tenía catorce años. Nunca me he sentido domésticamente tan oprimida como entonces, quizá porque a esa edad y en mi circunstancia familiar los quehaceres de la casa eran un peso demasiado grande que cargar sobre mí.

Hice mi primer huevo estrellado cuando tenía seis años. A los quince ya hacía chiles rellenos, tamales y otras monerías. A los dieciséis me propuse no hacer ni un café con leche mientras me durara la prepa y cumplí: creo que mi platillo más elaborado en esos años fueron unos hot cakes de un día que suspendieron las clases y acabé con mis amigos jugando nintendo en la casa.

Ahora cocino mucho y una parte significativa de mi tiempo se va en cosas de la casa. No me importa, al contrario, hay labores que disfruto mucho.

Mi carne favorita para cocinar es el pollo --amo el pescado pero no he logrado encontrar una pescadería en la Escandón y del de la comer o el chedraui ni hablar--, pero el pollero más cercano a mi casa me ha orillado a abastecerme en el súper.

El hombre tiene una calma desesperante. Un día esperé más de hora y media a que me despachara piernas con muslo. Lo peor son sus aires de divo: no le importa tener a diez personas esperando, él se lo toma con calma. Limpia el pollo minuciosamente y todavía se de tiempo para hacer comentarios a la clientela. Para rematar, la pollería también es verdulería y él es el único que atiende. Cuando el local está de verdad concurrido concurrido, al grado que la gente amenaza con enloquecer y usar las tijeras para pollo en su contra, el hombre permite que la gente se despache sola la verdura, la pese, y hace pausas en su arte polleril para cobrar.

Pero eso sólo ocurre a veces. Puede, sin remordimiento de conciencia alguno, dejarte esperando media hora a que limpie una pechuga y medio pollo para cobrarte dos jitomates y decirte que no tiene ajo.

Decidí liberarme de la tiranía del pollero un día que, tras veinte minutos de espera, me dijo que no tenía cambio para mi billete de cincuenta y que no estaba dispuesto a fiarme la jícama y la lechuga. Fue el final. Desde entonces compro en el súper y ante la emergencia acudo a uno de los híbridos entre tienda de abarrotes y minisúper --atendidos por chavitos emo que tratan de ligarme-- que ahora pueblan la colonia.

Al mes se me pasó la indignación, y muy de vez en cuando paso por la pollería cuando veo que no hay nadie. ¿Por qué todos terminamos soportando los desplantes del pollero?, me pregunto cuando veo la aglomeración digna de los mejores tiempos de los países comunistas ante el local.

Tengo varias teorías, algunas lógicas, otras patafísicas. Desde luego, no hay recauderías cerca y el mercado está a seis cuadras o más, además, hay que cruzar una avenida para llegar. Un día encontré al pollero con solo una clienta, una mujer cincuentona, con los cabellos teñidos de rubio: le daba terapia de "tú-vales-mucho-y-no-te-mereces-esto". La señora salió hasta sonriente, como flotando por sobre el asfalto.

Creo que el pollero confidente tiene a su clientela cautiva. E. opina que hasta puede ser el amante de la mitad de las amas de casa irremediablemente fieles a sus métodos meticulosos para limpiar aves. Yo creo que en el fondo, sabe que la mayoría de los que le compran aguantarán todo.

En un momento de desesperación kafkiana, con unas diez personas apretujadas en el local entre niños, maridos enviados por el aguacate y señoras con carrito de mercado una mujer tuvo la osadía de preguntar: "¿por qué no se contrata a alguien?". El pollero hizo una pausa en su parsimonioso arte para responder con una sonrisa pícara: "Es que no me sale".


Actualización a 2020. Algunos años después supe por O. Luna el nombre del pollero (que ahora no recuerdo). Luego el local lo compró una familia súper amable y eficiente donde me fiaban y a veces pasaba sólo a saludar. Vendían muchos productos locales como condimientos y sopes, y uno podía pedir verduras o frutas especiales por encargo, ahí di y recibí consejos de vecinas. Se volvió por años la tienda favorita de Milton y mía. El año pasado cambió de dueño otra vez. Nada es lo mismo. Creo que se ha vuelto un lugar medianamente surtido y útil, pero olvidable. Yo ya compro en otros lados.

lunes, 16 de noviembre de 2009

Cosas que hacer después de visitar la expo de Cildo Meireles

Domingo. Día perezoso. Fuimos al MUAC a ver la exposición de Cildo Meireles, a desayunar en La Parroquia. La vida es una sucesión de pequeñas cotidianeidades, de instantes intrascendentes en los que, a veces, uno descubre oculta la felicidad.



Foto, EFE

Junto al lavabo, adivinando uno en el otro la sonrisa en la oscuridad, cantamos "sangre de perro, en los grifos"... "y lloras con tus lágrimas, lágrimas, lágrimas de sangre de perro". Bendito Corcovado.


En la tarde lavé mi bolsa roja recién comprada en Oaxaca. Me traje a Meireles a casa. Y dormimos, y dormimos. Y todo fue cálido, cotidiano, perfecto.


Para ver buenas imágenes de la exposición: el Flickr de Miguel Oz.

martes, 10 de noviembre de 2009

Para terminar con la maldición de Onetti... (Uuuuuuuuuuuuurge que se acabe lo maldito y empiece lo demás)

La maldición cayó sobre mí el día que toqué este libro, se hizo inevitable cuando escribí la reseña (mi favorita de las que he escrito, junto con una de Clariond de los tiempos de la Coordinación que ya no está en línea) y se intensificó hasta que me arrastré por el piso hace un par de días (literal y metafórico). He tocado fondo, supongo.

Así que para conjurar, citemos a Onetti:

La literatura es mentir bien la verdad.

(La frase, tomada de un blog que me encanta: el Frasario, alias "mi tanga de guerra").



Y para que pegue el ensalmo, la canción Little person, cortesía de Rodrigo, porque también "I do my little job. And live my little life".

Es de Jon Brion, el mismo que hizo la música de Eternal Sunshine of a Spotless Mind.

[20:21] Rodrigo: Ahorita estamos en esa etapa de asegurar la chuleta.
Adriana Isabel. Caminar por la navaja del ahora εïз: Mmm... yo ya me convencí que ese es el cuento que nos cuentan para explotarnos. Y a la chingada con todo. Mi fe en la divina providencia, san Bakunin y el orden del caos es absoluta.
Rodrigo: Jajaja. Sí, claro, también pienso eso. Sí, todo es una mentira.
Adriana: ¿Andan re locos con el bicentenario?
Rodrigo: Sí, con esa payasada de no se cuantos miles de pesos.
Adriana: Pasaremos a la posteridad como la generación que sobrevivió al presi enano y sus pinches ondas del bicentenario... Si sobrevivimos, claro.
Rodrigo: Jajajaj, así es.
[20:35] Rodrigo: ¡¡Oye, ya me dieron salida!!!. Me voy. ¡¡¡Cuídate!!!
Adriana: Huyeeeeeeeeeee
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miércoles, 28 de octubre de 2009

¿Por qué escribo? Cuando la vida nos traga sin antes masticarnos

(Él solía criticarme cuando hablábamos de la vida como algo personal. Porque la vida no es un ente personal, sino algo de lo más impersonal que tenemos).

No ha habido nada en los últimos dieciocho años que me haga dejar de escribir. Ni el amor, el desamor, las desilusiones, el miedo o la muerte de quienes me rodean. Ahora que he mantenido el vicio por tanto tiempo creo que no podría dejarlo, que mucho de mi definición de quien soy está en esta frase sencilla: yo escribo.

Escribo para recordar, pero también para dejar ir ciertos episodios. Para darle importancia a las cosas o quitársela. Para ponerle al mundo lo que no encuentro en él, para cambiarlo, para cambiarme.

Para que ciertas cosas de la vida no sólo pasen, sino puedan volver a pasar. Para que otras no pasen nunca más. Porque como dice Sabines, en parte quizá sí vivimos la vida sólo para recordarla.

A veces escribo para otros. En largas temporadas, sólo escribo para mí.