jueves, 31 de julio de 2008

Cómplice/rival. Para la palmera, veinte años después

Ayer murió Alejandro Aura. Víctima de la curiosidad morbosa, no pude evitar fisgonear lo que ponía Carmen Boullosa en su blog. Y encontré este texto estremecedor. Supongo que si listara mis modelos de pareja ideal Aura y Boullosa estarían en la lista. Me conmovió muchísimo la honestidad de Carmen, de reconocer que alguien que amamos puede ser nuestro cómplice, nuestro amigo, pero también nuestro rival y nuestra pesadilla. Sí, sé lo que es eso.

Fue un cocinero maravilloso, y bailaba como un ángel. Le encantaba pasear. Fumaba un puro al día. No le gustaba ir al cine. Era un lector atento y voraz.Compartí con él durante dos décadas grandes alegrías y también momentos muy difíciles. Tuvimos dos hijos maravillosos, María Aura y Juan Aura. Juntos tomamos el teatro bar El Cuervo que nos traspasaron Jesusa, Liliana Felipe y Horacio Acosta en 1984. Después abrimos El Hijo del Cuervo, empresa que yo abandoné en el 2000. Montamos obras de teatro, cargamos cajas de vino, adquirimos deudas, las pagamos, nos divertimos.Pasé con él muy buenas, regulares y también malísimas, que no vienen a cuento. Fue mi compañero, mi amigo, mi cómplice, mi rival, mi pesadilla (tampoco viene a cuento), mi referente, mi problema y mis soluciones. Me tocó de todo con él, pero las buenas son las que conservo.

Y para cerrar, unos versos de Aura.

.... que inventé una ciudad para destruirme.
Sobrada de
llanto la que iba a ser
lugar para consuelo,llena de horror la que iba a ser
preciosa.
Mutiladas las partes de la dicha
los citadinos buscamos en el
cine,
en las revistas, en los diarios,
en las calles populosas
unos
ojos ajenos
en los cuales un ancla nos detenga...

Volver a casa, INBA/Joaquín Mortiz, 1974;
CONACULTA/Verdehalago, La Centena, Poesía, 2004.

domingo, 27 de julio de 2008

Mis vacaciones perfectas. El recuento de los daños

Concluí que estoy loca hace cinco minutos cuando pasé por enfrente de un espejo. Gran noticia, dirán. Ahora lo digo por el asunto este de pedir vacaciones en un trabajo para ir a cavar zanjas y cocinar para cuarenta y cinco personas. Vacaciones para levantarse a encender fuego a las siete de la mañana y andar caminando entre el lodo todo el día. Vacaciones perfectas sin duda.
El recuento quedó más o menos así: un moretón grande en el antebrazo que me hice quién-sabe-cómo y quién-sabe-a-qué-hora, unos cien piquetes de mosco, araña y otros animales cuyo nombre quizá ni sé, un bonito bronceado, las ojeras un poco más marcadas y una sonrisa que no me quito ni mientras me rasco los piquetes o verifico que mis costillas sigan en su lugar.
A la cuenta se suman también visiones de los potreros rodeados por montañas coronadas de niebla, una caminata de ensueño entre maizales altos, baños en un río cristalino, abrazos intensos, risas de madrugada, los nombres de treinta personas que ahora traigo en la punta de la lengua, la receta secreta para el ceviche de soya, el mejor atole de arroz que he probado y los mejores frijoles con arroz del mundo. Y por supuesto, las estrellas más grandes e intensas de mi memoria. Eso es la selva.
Y sí, lo volvería a hacer.

martes, 15 de julio de 2008

También de desesperanza se muere, de hastío, de tristeza

No existe la muerte. Sólo existe el muerto. El muerto vive, llega como un intruso, nos visita, y de pronto me sorprendo gestos de muerto, ademanes, caídas, renunciaciones de difunto. Yo ya lo sé y lo pienso. "Esto es cosa del muerto", me digo, cuando el vientre me llora, cuando olvido un papel en el tejado, cuando pienso en una mujer conocida como en un enser o en un apero. Esto es cosa del muerto. El muerto se va posesionando de mi vida, el muerto que seré y que ya voy siendo, como cuando a uno le dan un cargo, un empleo, un oficio nuevo, y se extraña a sí mismo y se desdobla en dos. Cuando el muerto se ha posesionado de todas tus cosas, que la veredad es que no le hacen ninguna falta ni ninguna ilusión, pero que las codicia, entonces te mueres.

(...) el muerto no hace acto de presencia hasta cierta edad. Aparece un día, con motivo de una enfermedad o de un pésame, y ya se queda para siempre. Creíamos que se había ido, como un amigo enlutado, pero vuelve. Ya sé que no se irá definitivamente. Antes tenía temporadas de muerto. Ahora vive conmigo como realquilado. El muerto que soy, qu seré. (...) Y escribo mucho por huir de él, pues a lo único que no ha aprendido todavía mi muerto es a escribir. Creo que no aprenderá nunca. Al muerto no le gusta que yo escriba. (...) Cree que me voy a escapar por la escritura, como si la máquina fuese un bólido o una bicicleta. Y la verdad es que yo escribo como si pedalease, huyendo siempre de algo.

Uno se va acostumbrando a convivir con su cadáver. Es incómodo pero a todo se hace uno. (...) Cuando ya has presentado el cadáver en sociedad, cuando lo llevas a todas partes, como un familiar incómodo, cuando ya todo el mundo sabe que eres tú y tu muerto, que eres tu mitad muerta y tu mitad viva, resulta que un día descubres, en el retrete o en un taxi, que ya eres sólo muerto, todo muerto, que el muerto te ha suplantado, y sobreviene el horror, porque ya no soy un vivo soportando a un muerto, conviviendo con él, sino un muerto que se acuerda de aquel vivo como de un amigo lejano y alegre, demasiado alegre, que más le vale haya desaparecido para siempre.

Francisco Umbral, Mortal y rosa

Seguro adivinarás el mensaje oculto: otra de mis artimañas para que cumplas la promesa. Y un poquito de nostalgia, y un mucho de ganas de abrazarte antes de que el Campos y yo desertemos de tu caso.

lunes, 14 de julio de 2008

El derecho a la mirada lasciva y los mejores piropos

Comía en casa de un amigo cuando discutíamos sobre ley que pretende castigar las miradas lascivas. Los tres (mi amigo, su amigo y yo) hacíamos apología del derecho a la mirada lasciva. La mirada es uno de los actos más libres de nuestra vida, y en estos menesteres no debe tener más límites que el deseo.


Hay de miradas a miradas, es cierto. Pero a veces a mí misma me gusta fijar los ojos sobre alguien, enredarme en un duelo de ver-no-ver para pasar el tiempo entre estaciones del metro. Y a veces disfruto que me observen. Y cuando no, es fácil sustraerse a la mirada. Basta con dar la espalda, cubrirse con algo, cambiar de lugar. La virtud de la vista es que no constriñe.

Foto en Reforma, con el rebozo del piropo.
Distintos son los toqueteos, que efectivamente resultan incómodos, y aún los piropos son más agresivos.


Y ya que llegamos a ese tema, quisiera aprovechar para dejar constancia de los dos mejores piropos que he recibido:


Un fue cuando esperaba a un amigo sentada afuera de metro Hidalgo, envuelta en mi rebozo azul. Un hombre se me quedó mirando y me preguntó: "¿Te puedo decir algo? Te ves muy bien así. No quiero hablar, ni nada, sólo decirte que te ves muy bien". Y efectivamente, no intentó prolongar la charla.


Otro fue cuando subía corriendo las escaleras de metro Ermita, con mi falda al vuelo y trando de cubrirme con una pashmina (otra forma de rebozo) color hueso. "Qué bonita y sutil eres", me dijo un hombre que ahora sé se llama Delfino. Pero esa, es otra historia.

martes, 17 de junio de 2008

Donde el espacio cicatriza

Persigo a la voz enemiga que me ha dictado la orden de estar triste. A veces, se me da por sentir que la alegría es un delito de alta traición, y que soy culpable del privilegio de seguir vivo y libre. Entonces me hace bien recordar lo que dijo el cacique Huillca, en el Perú, hablando ante las ruinas: "Aquí llegaron. Rompieron hasta las piedras. Querían hacernos desaparecer. pero no lo han conseguido, porque estamos vivos y eso es lo principal." Y pienso que Huillca tenía razón. Estar vivos: una pequeña victoria. Estar vivos, o sea: capaces de alegría, a pesar de los adioses y los crímenes, para que el destierro sea el testimonio de otro país posible. A la patria, tarea por hacer, no vamos a levantarla con ladrillos de mierda. ¿Serviríamos para algo, a la hora del regreso, si volviéramos rotos?
Requiere más coraje la alegría que la pena. A la pena, al fin y al cabo, estamos acostumbrados.


Eduardo Galeano, Días y noches de amor y de guerra


Soñé con el cielo de Chiapas. Era un cielo abierto, inmenso, casi nublado, visto entre pastos altos y húmedos. Soñé que era tiempo de la cosecha y nos prestábamos a ayudar. Soñé que dormía rodeada de niñas de ojos oscuros y risueños. Soñé.

lunes, 26 de mayo de 2008

¿Hacia un país de lectores? y por qué Sabato tenía razón

Van tres instantáneas de la ciudad monstruo, a petición de Alfredo

Subió al metrobús y su humanidad ocupó el pasillo entero. Varias capas de ropa, bolsas de mercado en los brazos, un vientre prominente, cabello alborotado y un par de gafas rotas en las esquinas. Modelo del indigente 'perfecto': toda la facha sin el tufo característico. Dejó un asiento vacío entre él y yo. De una de sus bolsas, con celo y avidez, sacó una revista. Fisgona irredenta me asomé a su lectura: una entrevista a Lucía Méndez en el TV y novelas.

Sábado al medio día. Los de los cuatrocientos pueblos, (ya no desnudos) bailan mientras las mujeres vestidas como adelitas botean.

Foto de archivo de Proceso, 1995.

Identidades (al menos visuales) de causas distintas se funden bajo el golpe del sol. Un policía de gris y azul sostiene un par de escudos de granadero. Con una mano sujeta un fajo de fotocopias, con la otra da vuelta a las páginas. Porque como cuenta El corto verano..., los policías a veces se vuelven humanos. Y hasta saben leer.

Miércoles. La lluvia es todavía una amenaza sobre la ciudad. Yendo sobre Belisario Domínguez hacia Eje Central encuentro a una ciega, que va sobre Allende. Varios pasos antes de la esquina se detiene con su bastón en alto pidiendo ayuda para cruzar la calle. Me parecen raros sus ademanes exagerados y su anticipación al fin de la cuadra. Aún así, me acerco y la tomo del brazo para cruzar Belisario. Me empieza a contar que va hacia la calle de Perú, me pide que la acompañe un trecho más, suelta el monólogo de que además está enferma.



Aunque Perú está sólo a una cuadra, no quiero ir hasta allá. Es para mí la calle de los aparadores con maniquíes desnudos e incompletos, del tiradero de chatarra, de la Arena Coliseo. Algunas mañanas la visito para satisfacer mi deseo de vecindades ruinosas, o mis ganas de atole de arroz. Pero esa tarde llevo falda (mis pantalones no se han secado) y tacones (mojé mis botas). Recuerdo las advertencias paranoicas de E. de que no me acerque a los umbrales oscuros donde pueden desaparecerme de un jalón y siento (por esa tarde) que verdaderamente es mejor no pasar por Perú.
La ciega se empecina en que vaya con ella y se aferra a mi brazo rodéndolo con el suyo hasta el hombro. Empiezo a sentirme incómoda. Ella insiste en que caminemos juntas por una banqueta demasiado estrecha, y entre mis titubeos y mis esfuerzos por esquivar a una familia, un poste termina interponiéndose entre ambas.



"Hija de tu maldita madre", me grita al sentir el golpe contra su brazo. Le pido una disculpa, y aún dudo en seguir como su lazarilla. Algunos transeúntes nos miran desconcertados. Concluyo que quizá Sabato tiene razón y los ciegos (algunos ciegos) forman parte de una secta oscura y son un poco como reptiles. Me lo repito tratando de sacudirme el remordimiento mientras sigo mi camino.

Foto de la galería de Nicolás Berlingieri.



lunes, 12 de mayo de 2008

Tres nuevos de Juan Gelman

Amistades
 
El poma que estaba en la cabeza
del corazón se fue. Esto habla
de la certidumbre de la incertidumbre
que nadie puede medir.
 
(...)
 
¿Qué caballos
te recaballan la nación
de las ausencias que buscás
en la ausencia de vos? Es la amistad
del todo con la nada,
la del pecho mismo con
su perdòn, sus espejos,
no dormir.
 
Alas
(fragmento)
 
Ala.
 
A la herida.
 
Alar ido
al espanto
que separa a la voz de corazón.
 
Pasados
(fragmento)
 
Creció el horizonte de las
fugacidades que llevaba a pulso
algún sol interior.
 
Está maldito, pero
no lo cha a pique la maldad.
 
Tanto decir que se enmaraña mientras
la gran serpiente de alrededor
quema universos.
 
Tomados de Mundar, de Juan Gelman, publicado por Ediciones Era.
 
 
 

martes, 22 de abril de 2008

Por los detalles del mejor personaje de mis novelas no escritas

A veces alguien que no conocemos nos describe tan minuciosamente que nos sentimos desnudos y casi violados al leerlo. Escritor y personaje no se conocen. Quizá nunca se encuentren fuera de este sitio, tal vez ni aquí.

Nueva York ahora

El silencio y la ausencia también forman parte de mis palabras,
tú me escuchas a través del murmullo de mis ojos y mis manos
a través del tiempo y las despedidas,
quizá no me veas llegar esta tarde hoy a verte
espero que algún día puedas comprenderme,
que yo he buscado otra realidad que encienda los símbolos de mi vida.

Entiendo que hay preguntas muy difíciles para poder ser respondidas
que no alcanzan a decirse de un lado al otro de la mesa del café,
que comprometen nuestras vidas y confrontan nuestros sentimientos
esta manera de estar ahora no es lo que soñábamos.

Que el tiempo no es nada si perdura el amor,
que puedes regresar conmigo, que las creencias no importan
al igual que las heridas si nos amamos,
que puedes hacerlo todo por mí y darme tu vida como en el pasado.

Ella se fue a vivir a Barcelona, él nunca la olvidó
ella dice que nunca ha encontrado a nadie como él en su vida,
él nunca volvió con ella,
ella ahora está casada y tiene una hija
vive en un departamento de lujo con terraza
y tiene un auto convertible,
no le hace falta nada,
él no sabe lo que es el amor ahora.

Con voz agitada me dice por teléfono
que está de visita en Nueva York y espera poder verme,
que me ha traído libros de Madrid,
que nos veamos en el café de siempre en Central Park,
que si aún vivo solo, que si tengo novia,
que le gustaría visitar mi departamento.
Que no llegue tarde y que me ponga la última camisa que me regaló,
que la fidelidad de sus sentimientos es más fuerte que
su matrimonio,
que las mujeres no se casan con el hombre que más han amado en la vida.
A cada palabra que escribo
le acompaña el teléfono que no ha dejado de sonar,
es más tarde de lo que pensé,
espero que desistas pronto y te vayas al hotel a descansar,
que tengas un buen viaje de regreso,
que la vida te trate dignamente,
mientras yo termino de escribirte este poema
tal vez con el tiempo y la suerte puedas leerlo en algún libro.

Ricardo Isaac, Serenatas
En: Hasta agotar la existencia III. Antología poética,
Editorial Resistencia, 2007, p. 195-195.



Va por él, por su nombre de trovador o escritor, aunque lo conozcamos mejor como Campos. Va por él porque me he dado cuenta de cómo nos es indispensable su fuerza, necesaria su firme visión política, por más que a menudo yo vea de otra forma, por más que a veces se equivoque. Porque en muchos sentidos es el padre de varios de nosotros, del todos que somos, porque juntos y bajo el cobijo de su tesón nos hicimos humanos, nacimos hermanos.
Va por el amigo que da consejos excelentes porque para saber tanto de la vida quizá hay que haberse equivocado mucho. Para él que nos demuestra cada día cómo sobreponernos al miedo que paraliza viviendo a golpes de voluntad.
Va para el amante de los bailes y las cascaritas. Para que el que es mucho mejor personaje que cualquiera de los que retrate en sus poemas, no porque sean exiguas sus dotes de escritor, sino porque es casi imposible que un puñado de palabras (suyo o de quien sea) esté a la altura apasionada de la entrega con que vive.
Va también por quien lo ama con amor inconmensurable y afortunado (y me lo confiesa de noche al oído). Hasta agotar la existencia.

Atenco no se olvida... Motivos contra la violencia de Estado

De un correo escrito para mi familia y amigos en abril de 2008.
Sean realistas, pidan lo imposible
--Consigna del mayo francés

...quieren embalsamarnos la rabia y la indignación,
neutralizarlas otro siglo,
acallar el río subterráneo de nuestra memoria.
--A. Isabel A.

¿Dónde está San Salvador Atenco? Es un pueblo de ejidatarios en el Estado de México, relativamente cercano a la salida hacia Puebla.

Es el pueblo donde el gobierno foxista decidió construir un aeropuerto "alternativo" pese a las notificaciones de múltiples universidades y organismos ecológicos sobre el desastre natural que ello implicaría. Y si se lo preguntan, sí, es el pueblo que se negó a vender sus tierras a peso y dos pesos metro cuadrado, y defendió su negativa empuñando machetes frente a las cámaras de televisión. Y si solo así lograron defender su propiedad y su forma de vida fue culpa de todos: de los gobernantes irresponsables que decidieron eso contra toda lógica, y de la sociedad indiferente que sólo respondió al relumbre de la hoja de acero y no a los comunicados de prensa y recomendaciones de universidades.

Atenco es también el pueblo donde el 3 y 4 de mayo de 2006 las policías federal y la del Estado de México cometieron actos brutales de represión contra población civil. Todo empezó por un conflicto entre comerciantes de flores, y terminó con muertos, heridos y mujeres violadas.

Es ese acto hirieron a un chico de la facultad de Economía que tenía veintipocos años: Alexis Benhumea. Alexis no murió en Atenco, sino en un hospital, debido a una herida en la cabeza por donde su masa encefálica quedó expuesta.

Se llamaba Alexis, pero pudo ser cualquiera de mis amigos o compañeros que estuvieron en Atenco ese día. Pude ser yo misma. (Para una mirada sobre Alexis, chequen esto).

Recuerdo la graduación de C., mi mejor amiga. Recuerdo que fui con un amigo muy querido, primo de una amiga que es, a su vez, como mi prima. Y recuerdo que terminamos en discusión acalorada por los hechos de Atenco. Él opinaba que el pueblo se había buscado la represión ya que ellos también tenían armas (petardos). Que la policía no iba a soportar de brazos cruzados una agresión. Yo opinaba que el gobierno JAMÁS debe ejercer violencia armada contra la población civil, que existen cientos de métodos más modernos y probados para dispersar multitudes, y que quien tiene el poder debe tener la prudencia de no responder desmedidamente al ataque.

Hoy sigo pensando lo mismo. Lo pienso todos los días. Tuve maestros que perdieron novios y compañeros en la matanza de Tlatelolco en 68. El esposo de una maestra de universidad perdió una pierna durante las torturas de la guerra sucia en los años 80. He tenido compañeros universitarios y de trabajo ex guerrilleros de sesenta y setenta años. He hablado con madres y hermanos de desaparecidos políticos. He estado en lugares marcados por la guerra de baja intensidad contra la población de Chiapas. Todo esto me hace pensarlo: Nada justifica la violencia armada del estado contra los civiles. Nada. Lo creo con la cabeza, pero también con el corazón, con mis ojos que han visto hasta llenarse de lágrimas, con el escalofrío que me ha recorrido la columna.

Los invito a un acto el 30 de abril para exigir castigo a los responsables de las violaciones a derechos humanos ocurridas en Atenco. Quizá muchos no irán, quizá ni yo misma vaya. Pero por favor, piensen en lo que les digo. No me crean, fórmense su propia opinión. Si quieren difúndanlo. Informarnos es nuestra libertad.

Mil besos, no desde el rincón de lo prohibido, sino desde el rincón de lo im-Posible.
Adriana.

P.D. A los otros, mis queridos compañeros: sé que no necesitamos que Amnistía lo diga. Que Atenco, con sus globos y sus vallas humanas, sus jolgorios y sus heridos, es nuestro.

viernes, 11 de abril de 2008

Tu mirada en el silencio

Tu mirada en el silencio, Adriana del Moral


Van dos imágenes imposibles de la ciudad monstruo. Dos vistas que no son lo que parecen, como casi todo sobre este asfalto.

Mientras, las adelitas llenan las calles y los titulares de los diarios nos des-informan sobre la nueva crisis del petróleo.
Quizá nos vemos en 2010. Quizá no hemos dejado de vernos.

La Secretaría de Seguridad Pública (SSP) federal aplicó un operativo de vigilancia en instalaciones consideradas estratégicas y de interés político, que involucra a más de 3 mil agentes federales, con el propósito de evitar acciones que afecten a la sociedad mexicana. Entre los puntos considerados estratégicos están el aeropuerto capitalino, las subestaciones eléctricas y otras dependencias federales.


Nos vemos en 2010, Adriana del Moral



El operativo incluye la Cámara de Diputados, el Senado, la residencia oficial de Los Pinos, la Secretaría de Gobernación y el Palacio Nacional. La PFP incrementó el número de agentes que resguardan la Cámara de Senadores. Más de 600 policías –entre federales y locales– se desplegaron sobre el Eje Central y Tacuba, Tacuba y Allende, Belisario Domínguez y Allende, Manuel Tolsá y Donceles. El operativo de vigilancia se puso en alerta con la llegada de 5 mil integrantes del Frente Amplio Progresista (FAP) y seguidores de Andrés Manuel López Obrador –según cálculo de autoridades capitalinas–, que se pusieron en plantón en demanda de que no se apruebe la llamada iniciativa energética que envió al Senado el presidente Felipe Calderón. (Extractos de nota de La Jornada)

domingo, 23 de marzo de 2008

¿Salió Paz de la zona de embajadas en India?, o la edición políticamente correcta

Este post es sobre una duda que me ha atormentado largamente (casi hasta el desvelo, jajaja) desde que regresé de India: ¿salía Octavio Paz de la hermosa zona de embajadas y otros sitios de la "Washington" en Delhi cuando fue embajador?
La pregunta viene porque, amablemente guiada por mis amigos Xavier y Pável, leí Vislumbres de la India antes de hacer el viaje. La obra, escrita por Octavio Paz tras sus años de embajador, es justamente lo que anuncia el título: una colección de vislumbres, de atisbos sobre la India. Sin embargo, a mi regreso me pareció indignante el hecho de que Paz pase por encima de la pobreza sin dedicarle muchas palabras (si es que se las dedica). Porque (lugar común, pero cierto), no se puede hablar de India sin hablar de marginación y de desigualdad.
Recordar el texto de Vislumbres me hizo pensar en un Paz circunscrito únicamente a las poco polvorientas y extremadamente agradables casas de diplomáticos y extranjeros ricos en el subcontinente (sé de lo que hablo, mi primera noche en el país la pasé en la casa de un miembro del British Council en Delhi, con la advertencia de que aquello "no era India"; o más bien, "también era India").
Pero hace una semana, conocí a un pintor cuyos padres estuvieron en Delhi al mismo tiempo que Paz. Iván dice que a veces su mamá y su papá iban con el escritor a los bazares de la ciudad vieja, y, mientras él se inspiraba para sus versos sobre la muerte y demás, a su madre se le hizo insoportable la mugre: el sudor iba abriendo caminos en la suciedad del rostro de la gente.
Así que, si creemos a las historias familiares narradas a Iván, sí, Paz sí salía de la embajada. Y aunque los bazares en Delhi pueden ir desde el equivalente a la Merced y el mercado de Sonora, pueden ser también una experiencia mucho más abrumante, tumultuaria y escandalosa, circundada por la suciedad que aquí vemos cuando se ha cerrado el mercado, y no cuando apenas abre.
A la vista de esto, la pregunta cambia: si Paz vio al menos los bazares de Old Delhi, ¿por qué habla tan poco sobre discriminación y miseria? Mi hipótesis es que ahí entra, no sólo la perspectiva (misma que permitiría a un poeta escribir versos en medio de todo eso), sino la edición selectiva, de acuerdo al canon de lo políticamente correcto.
India es un país que te recibe con un mazazo a los sentidos, pero también con una taza caliente de chai (deliciosa mezcla de té negro, leche, azúcar y especias) y gestos amables. Y supongo que como embajador Paz recibió muchas atenciones, mismas que quizá lo llevaron a obviar la parte de la degradación humana que se ve a diario en las calles de India. Porque además, los indios, sumidos en la fantasía del progreso y del milagro indio --algo así como en el cuento fantástico que contaba Salinas sobre la entrada de México al primer mundo-- pueden ser sumamente sensibles a cualquier persona que haga notar que, pese al avance arrollador de la economía, los progresos tecnológicos y la preparación formidable que tienen muchos indios, hay millones de personas que siguen muriendo de hambre y para muchos ese sufrimiento no es más que una tenue rasgadura en el telón de fondo del montaje de la modernidad.
Por otra parte, no es que si Paz deja de decirlo uno pueda olvidar ingenuamente que India es una nación sumamente pobre, con una brecha insultante entre el ingreso de las clases altas y las miserables. Para muestra, dejo una imagen: en Jodpur se encuentra el palacio más grande de Rajasthan (estado que hace frontera con Paquistán), encargado por el maharaja a un arquitecto inglés. Algunas de sus habitaciones están decoradas con el mejor estilo playboy, pero con una opulencia que quizá el mismo Hugh Hefner calificaría de ostentosa. Mientras, la ciudad vieja es un desfile de callejuelas intrincadas y casas semi ruinosas donde la cañería va al aire libre, y los rickshaws y motos llenan los caminos de humo, polvo y ruido.

miércoles, 27 de febrero de 2008

¿Qué es un intelectual?

Este post va por dos motivos: la canción de Rockdrigo, y la sana autocrítica.




Un intelectual es alguien que ha encontrado algo más importante que el sexo.


Edgar Wallace



Dice una ex compañera veracruzana que yo odio a los intelectuales de tres pesos. Aunque no sé en que sentido lo dijo (jarocha al fin y al cabo), creo que tiene algo de razón. Para mí, ser intelectual es una maldición más que algo de que enorgullecerse con un círculo onánico de "amigos" o colegas igual de jodidos que uno.

Uno es intelectual porque nació con la cabeza funcionando mejor que el resto de su cuerpo, y a veces, también que su corazón. Uno es intelectual porque tuvo la inmensa fortuna de nacer en una familia donde los libros eran algo importante; porque sus progenitores tenían el tiempo y el dinero suficiente para preocupase de que hubiera en casa algo más que pan y televisión, entiéndase, para que hubiera música, pinturas, fotos, rompecabezas...

Pero la vida, más allá de los libros, de la danza, de los edificios hermosos al delirio, del teatro, etcétera, es para vivirse. Es para tomarse un buen pulque, un mezcal o un tequila (según gustos), abrazar a un amigo o amiga, desvelarse riendo hasta las dos de la madrugada (o más). Es para jugar cascaritas de futbol (aunque a menudo termine en golizas para el equipo donde uno juega), para bailar hasta el amanecer con los amigos, para caminar por lugares inverosímiles a horas increíbles. Y como no, para hacer la revolución entre las sábanas, para amanecer exhausto de deseo satisfecho, o a punto de caerse de la cama tras batallar con quien uno ama.

jueves, 31 de enero de 2008

La tierra y su producto para quienes la trabajan. Sin maíz no hay país, sin frijol y sin petróleo tampoco.
El campo se ha volcado sobre el asfalto. Los niños, los viejos y los heridos van sobre los tractores. Es la patria herida que desfila por las calles de la metrópoli.
Contingentes de sindicatos, los plantonistas que estuvieron con López Obrador, una cabalgata zapatista.
El olor a caballo y los relinchos me transportan de inmediato al campo, al México profundo. Un hombre de manta lleva un estandarte con la figura de Zapata, el hombre al que como dice Poniatowska, muerto le hacen monumentos quienes matan a los Zapata de ahora.
Luego de recorrer Reforma la marcha pasa frente a Bellas Artes y se dirige hacia el zócalo. Un grupo de hombres bebe frente a catedral. El refresco y la botella aguardan en el piso, al centro de un círculo que mira como los contingentes van llegando.
Cuando camino sobre Madero para alejarme de la multitud llega a mis oídos la versión más desgarrada y larga de la Pantera rosa jamás tocada, mientras el atardecer ya había caído. "Ojalá la música convenciera a estos cabrones", reza el letrero al pie de la saxofonista de melena larga y lentes oscuros instalada en la esquina con Isabel la Católica.
Una señora desmayada fuera de la Casa de los Azulejos. Pienso que su agonía es una metáfora del campo: su boca entreabierta deja ver un único diente, su cuerpo extremadamente delgado yace sobre el suelo, tiene los ojos cerrados y apenas respira. Me acerco para ayudar a las personas que le prestan los primeros auxilios, pero me voy en cuanto llega la ambulancia convocada por los policías.
La noche es un largo lamento. Encuentro a un tatuador sobre su bicicleta que me ofrece una probada de su cono de helado para reanimarme. Sonrío triste y me ahoga la impotencia de saber que quizá hoy es demasiado tarde. Mejor tarde, me dirá unos días después Irsha y yo le querré creer.

lunes, 28 de enero de 2008

Nacer en un tiempo que termina, leve certeza...

El título es una frase de Jeannette L. Clariond, poeta mexicana, de un libro llamado Los momentos del agua.

Tal vez nacimos en la época equivocada, cuando ya no había nada que creer. Tal vez no. Y definitivamente, no debemos flagelarnos porque no fuimos la generación de 68, del mayo francés y la primavera de Praga... es porque ellos fueron ellos que ahora nuestras posibilidades son otras.

Ellos (los hippies) tuvieron todo más fácil y ya graduados nos llenaron de cosas que ni se imaginan. Problema sque no puede resolver: sida, drogas, violaciones, películas tontas, un desinterés por todo. Ellos lo tuvieron todo: música, cambios políticos, ideólogos, guías espirituales, escritores, pintores, cineastas cools. Pudieron cambiar el mundo. Y lo lograron: liberaron al sexo y nos llenaron de filmes porno; aceptaron la marihuana y nos dejaron inventos como el crack; creyeron en Lenin y lo cambiaron por el libre comercio; tuvieron a Warhol y publicaron El mil chistes; tuvieron el rock y lo cambiaron por el disco; eran los hombres con mil causas y no pudieron ni con una; estudiaron de todo y terminaron trabajando como retardados profesores de inglés o como mecánicos. Y se quejan de nosotros. ¿Por qué? Porque sobrevivimos. Tal vez no creemos en algo, pero sobrevivimos. Los hippies no reciclaban y se decían amigos del planeta; nosotros o reciclamos o nos podrimos. Fácil. Sin elección. Ellos inventaron el amor libre y ahora el sexo casual no existe, es mortal. (...) Sobreviviremos, lo sabemos, y sabemos que aunque peleemos por cambiar algo, cualquier cosa, no la cambiaremos.


Fran Ilich, Metro-pop
Ediciones SM, Gran Angular, México, 1997.
p. 26 y 27


¿Qué me dices a eso, William Hiarmes?

Dos de Aldo Alba y estampa de un borracho en autobús

Los poetas nacieron sin esperanza
y no supieron que eran poetas
hasta que el dolor los tocó.
--A.A.


No me gusta la verdura

¡Qué sería de mí sin poder llevarme a la boca y el corazón
el terror
de la vaca muerta a palos,
sin la sangre y el dolor del cerdo acuchillado
o el delirio d ela gallina enloquecida con hormonas!
¿Qué haríamos sin
tragarnos ese sufrimiento?
¿Sin cadáveres resptando por nuestros intestinos,
sin la pubrecina escorriéndose por los ojos?


Mi Magnum y yo

Me gustaba dormir con ella
(si lo hubieran sabido las
mujeres sentirían celos del metal pulido),
pero puedo jurar que entre ella y
yo sólo hubo admiración.
Era fría, sabía a aceite, era muy peligrosa --en
eso se parecía a las mujeres.
Se fue por falta de dinero (como hacen algunas mujeres).
Sólo me quedó encomendarla a la brutal divinidad de las armas
pensar en su aterradora capacidad de volar en pedazos a quien sea:
un genio, un loco, una puta o un santo.
¡Que jamás hable su idioma balístico en
la carne de nadie!
Pieza de artillería portátil.
Sueño posible.
El epígrafe y los dos poemas son de Aldo Alba, antologado en Hasta agotar la existencia II, publicado por editorial Resistencia.
Y la historia del borracho... digamos que se reduce a un día gris de tantos en la ciudad monstruo, cuando regresaba a mi casa y en el camión (el que va todo Eje Central hasta el reclusorio Norte) topé con un tipo que acababa de hacer sus compras en el centro: unos lentes de los que se doblan para caber en un micro estuche, un encendedor con foquitos que ya envidiarían varios antros... Su rostro revelaba el dolor de un animal salvaje atrapado en cuerpo de rata citadina. Pasando Garibaldi sacó de su mochila una cerveza de lata para apagar la ansiedad que lo quemaba.

jueves, 24 de enero de 2008

FSM en la ciudad monstruo. Martes 22: Organizadores del FSM


Entonces yo tenía dieciséis años. Era el 2000, el Foro Social Mundial estaba recién nacido y el movimiento zapatista andaba en uno de sus apogeos. Yo vivía (como aún hago de vez en cuando) o sobrevivía en la Ciudad Monstruo. Por supuesto, no fui a Porto Alegre. Y, aunque me apene decirlo, tampoco fui al Zócalo ni a Rectoría de la UNAM cuando los del color de la tierra llegaron en marcha a esos citadinos parajes --con sus pasamontañas y el recuerdo de sus muertos. No me excuso diciendo que era joven y más temerosa porque se sobreentiende.

Es martes 22 de enero de 2008. Tengo 24 años, como 24 tiene el EZ (los dos nacimos, cerca en tiempo aunque lejos en distancia, un 17 de noviembre de 1983). Me enteré del FSM en mi amada-odiada-insufrible-añorada ciudad por correos electrónicos, y, trabajando tan cerca del Zócalo no pude dejar de ir.

Ahí estaban las carpas blancas (casi juraría las mismas de los campamentos enchulados de cuando era un honor, estar con Obrador) con el desorden físico que encontré en Cancún cuando la OMC y el suicidio de Lee Kyung Hae: papeles regados, mesas vacías, curiosos vagando, jóvenes despistados tratando sinceramente de ayudar... Contuve mi desilusión, igual que hice en el infierno verde del sureste, porque pudo más mi esperanza. Y cuando me acerqué a platicar con la gente supe de cierto que las carpas temáticas apenas se estaban organizando. Que ese día sólo sesionaría la mesa central, pero que el caos era más parte del ser foro y ser mundial que de las debilidades del otro mundo que queremos posible.

Visité a una organización venozolana (ninguna preferencia chavista particular, sólo le vi cara amable a la compañera que callaba el hambre con tacos junto a la mesa llena de folletos) y dí una vuelta por la carpa de derecho a la ciudad y al hábitat, donde topé con fotos pegadoras pero ordenadas de acuerdo a un concepto no muy bien explicado (a lo mejor soy tonta o no me detuve suficiente, pero lo que creí un problema local se ilustraba con fotos de bebés y niños no precisamente mexicanos que sufren problemas de salud debido al daño del medio ambiente).

Vi a una organización dedicada a la vivienda sustentable montando su taller de cómo construir casas con adobe y pacas (la alternativa ecológica al Infonavit, o el regreso a nuestras raíces, usted decida), un bellísimo montaje de motivos indígenas sobre un escenario donde una reportera de Canal 22 hacía una entrevista y un montón de voluntarios jóvenes tratando de sonreír y organizar pese al sol y pese aún no saber del todo lo que pasaba (o tal vez es sólo que era martes y lo mejor pasaría a partir del miércoles).

La foto es de otro FSM. Cortesía de google imágenes, porque también junto al desmadre altermundista se posa para la cámara.



En la mesa central escuché a tres de los cuatro ponentes. Dos de ellos (un brasileiro y un francés) parte de los organizadores del FSM.

Del brasileiro me enamoré y me asombré. Me hizo preguntarme, cómo siendo Brasil también latinoamérica pude estar a años de nosotros en ciertas formas de lucha, en ciertas formas de plantear las preguntas. Por ejemplo, él no habló de la política vieja: nada de partidos, Estado, ni esos dinosaurios. Habló de redes, economía solidaria, experimentos de una moneda común basada en la justicia económica y la práctica del pensar global y actuar local. Dio datos asombrosos: en su país más de la mitad de quienes compran por internet son de clases medias bajas y bajas. (Mi resumen en perífrasis: A quién perteneces más la red de redes, ¿al hacker o a Gates? ¿Al que consulta la Bolsa o al que entra a la página de la Z, "salvajemente grupera"?)

El compa francés, como buen heredero de Montesquieu y la Revolución (Francesa, claro) no podía dejar de hablar de la vieja política, aunque fuera para criticarla. Habló de que la izquierda ha cambiado, y se ha dado cuenta de que la aspiración que hará otro mundo posible no es la de tomar el Estado. Resumió los intentos del siglo XX por tomar el Estado (Una las columnas en su cabeza: asocie usted el movimiento con el modo en que, de un modo u otro, no triunfó o no ha triunfado): los maoístas en el campo, los trotskistas en las fábricas, los social demócratas mediante las elecciones. (Nota al pie: su comentario lo hizo para los mayores de 30 años, porque tal vez ya se creyó que la televisión nos robó la memoria histórica a las nuevas generaciones, o quizá porque nos considera libres de viejas discusiones fraccionarias... o por pura arrogancia, o por calor)

El mexicano, haciendo caso omiso de lo anterior, o tal vez cerrando el triángulo perfecto, sacó su mejor tono de la vieja izquierda (léase sindicialista de la guardia antigua o político perredista, no juzgo, intento describir) para arengar a los asistentes a levantarse contra los bancos del lucroy buscar crear una banca popular que nos dé al pueblo de manera justa --sin intereses exorbitantes-- el dinero que nosotros mismos hemos sudado (es cita casi textual). Lo mejor de la ponencia: su ofrecimiento de asesorar en el establecimiento de tales bancos, que se ofrecerá en la carpa dedicada al tema.

De los comentarios hago breve resumen: una indígena nahua que pide que no llamemos a los pueblos indios pueblos, sino naciones (nación zapoteca, nación otomí... y así) porque para ella la unidad lingüística hace una nación y todos somos pueblo. (Mi ignorancia o la sospecha de verdades de perogrullo me impiden comentar).... Un compa del norte vestido de blanco que habló de que el otro mundo posible será realidad en la medida de otros seres humanos posibles... Una chica de República Dominicana con un buen discurso que prendió a los asistententes... Un sindicalista electricista con su "No a la privatización".... Un posible priísta resentido disfrazado de amarillo (léase con humor perredista) que ensalzó a los plantones pro AMLO de Reforma como un ensayo de democracia (sic) --seguido de vítores y chiflidos alternativos-- e hizo la lúcida sugerencia de cambiar el "mandar obedeciendo" por el "coordinar acatando".... Y el último que oí, un señor todo sabiduría popular de la buena, que dijo que lo de los bancos populares está muy bien, pero que al final existe el humano riesgo de que "nosotros" (los del dinero del pueblo) resultemos más "ratas que los del gobierno".

Segunda noche de insomnio en el mes. Como me ha enseñado el buen Arturo, algo productivo (o, por decir lo menos, alternativo a ver infomerciales) se puede hacer cuando no se duerme. Esta es mi breve reseña, desde el corazón y el desvelo, del primer día del Foro Social Mundial (FSM) 2008 en la ciudad de México. (Nada personal contra la izquierda que aún busca la vía política electoral. Disiento, respeto, nos reímos ustedes y yo.)

lunes, 21 de enero de 2008

De Molière sobre la escritura

Escribir es como la prostitución: Primero lo haces por amor... después lo haces por los amigos y acabas haciéndolo por dinero.

jueves, 17 de enero de 2008

Y dicen que los intelectuales siempre escribimos la historia desde fuera... Respuesta paranoica-crítica

Me lo dijo con tino doloroso cuando me iba a India. Se cumplían tres meses de la toma de poder de un presidente de derecha (ultra derecha represiva, podríamos especificar), que llegó al puesto tras unas elecciones bastante cuestionadas, ensombrecidas por el añejo fantasma del fraude electoral.
Al principio casi me ofendí, después hice de ello justificación, y ahora lo entiendo en su justa medida: Sólo desde afuera se puede escribir la historia (ni que hablar de la Historia) porque afuera hay que estar para tomar una sana distancia de los acontecimientos y sus protagonistas, para formar una visión panorámica construida por la mirada de muchos ojos. Porque la historia se escribe en pasado y no en presente, se escribe no como ocurrió, sino como la recordamos, y se escribe no sólo para la memoria en sentido inocente, sino para la memoria con una dedicatoria perfectamente intencionada.
Hoy sé que si las condiciones se ponen como en la Argentina de Videla (y pre Videla), la España franquista o el Chile que siguió al golpe contra Allende, yo me iría. No porque no ame con locura, delirio y realismo a México, sino porque sería incapaz de quedarme a ver el horror. A ver caer a tanta gente que amo, a arriesgarme a traicionar alguna lealtad insinuando cosas que no sé.
Cada día, al abrir el correo cumplo la ceremonia dolorosa de enterarme cómo la represión va ganando fuerza en el país. Primero Atenco, ahora Cananea y la propuesta para que la policía pueda entrar en tu casa, donde la letra pequeña que ningún político dice, pero varios leemos con temor especifica: no sólo si eres presunto narcotraficante, sino también si eres indeseable para el sistema, es decir, opositor, base de apoyo, estudiante alebrestado, rojo furibundo o activista empedernido.
Y cada día recolecto los documentos, las historias, las frases, las pinceladas, de cómo poco a poco el miedo se nos impuso al deseo de ser libres y preferimos como sociedad la violencia antes que el desorden.
Ojalá y esta sea sólo un anticipo paranoico alimentado por un día de malas noticias.
Sin reproches, mi respuesta: Exilio no es si me voy, es si dejas de dolerme.

miércoles, 8 de agosto de 2007

Los otros caídos en lucha II: Los que no llegamos a mitos

Ahora, sobre otros que vamos quedando en la lucha sin llegar a mártires.

Los otros caídos en lucha I: El mito de Alexis

Todo empezó con un correo sobre Alexis Benhumea, estudiante de Economía asesinado hace más de un año en la refriega de San Salvador Atenco. Alexis, ahora símbolo eterno sin edad, vive en nuestro imaginario. Nunca envejecerá, nunca se traicionará. Sufre el privilegio, o la desgracia de convertirse en mito.

Como sabiamente respondió el Arturo, lo que debemos exaltar en Alexis no es su muerte, que lo insertó en la categoría de los monstruos, sino el amor que lo hizo decidir estar ese día en Atenco, sabiendo o intuyendo el peligro que ello representaba.

Cito al (en esta ocasión muy lúcido) Arturo "¿Será Benhumea un monstruo? ¿Lo habremos convertido en tal? ¿Lo habremos reducido a una bandera de lucha (en el mejor de los casos)? ¿Lo convertimos en un recuerdo que no encuentra memoria para Ser? ¿Será algún día noticia en los grandes emporios de la comunicación? Cuántas preguntas más podremos formular…

"¿Sabes? Ahora que lo reviso me da la impresión de que hemos olvidado que era un ser humano, por encima de cualquier otra cosa… era un ser humano que reivindicó su humanidad al momento de elegir su vida y decidir estar a lado de los habitantes de San Salvador Atenco durante la invasión que este pueblo sufrió por parte del ejercito de policías que tomaron dicha población por ordenes del gobierno federal, estatal y municipal. Trataré de ser honesto y te diré que muchos le robamos su humanidad y lo convertimos en un mártir, le robamos su elección y la proyectamos sobe nosotros mismos, lo convertimos en un monumento sin piedras que lo enclaustró en un discurso."

Dichosos entonces los mártires, a quienes cantamos con paroxismo en las marchas:

Vestidos de verde olivo, políticamente vivos
no has muerto, no has muerto camarada
tu muerte, tu muerte será vengada
¿Y quién la vengará? El pueblo organizado.
¿Y cómo? Luchando.
Entonces lucha, lucha lucha...

El siguiente post, sobre "el pueblo organizado" y sus otros caídos...