jueves, 31 de enero de 2008

La tierra y su producto para quienes la trabajan. Sin maíz no hay país, sin frijol y sin petróleo tampoco.
El campo se ha volcado sobre el asfalto. Los niños, los viejos y los heridos van sobre los tractores. Es la patria herida que desfila por las calles de la metrópoli.
Contingentes de sindicatos, los plantonistas que estuvieron con López Obrador, una cabalgata zapatista.
El olor a caballo y los relinchos me transportan de inmediato al campo, al México profundo. Un hombre de manta lleva un estandarte con la figura de Zapata, el hombre al que como dice Poniatowska, muerto le hacen monumentos quienes matan a los Zapata de ahora.
Luego de recorrer Reforma la marcha pasa frente a Bellas Artes y se dirige hacia el zócalo. Un grupo de hombres bebe frente a catedral. El refresco y la botella aguardan en el piso, al centro de un círculo que mira como los contingentes van llegando.
Cuando camino sobre Madero para alejarme de la multitud llega a mis oídos la versión más desgarrada y larga de la Pantera rosa jamás tocada, mientras el atardecer ya había caído. "Ojalá la música convenciera a estos cabrones", reza el letrero al pie de la saxofonista de melena larga y lentes oscuros instalada en la esquina con Isabel la Católica.
Una señora desmayada fuera de la Casa de los Azulejos. Pienso que su agonía es una metáfora del campo: su boca entreabierta deja ver un único diente, su cuerpo extremadamente delgado yace sobre el suelo, tiene los ojos cerrados y apenas respira. Me acerco para ayudar a las personas que le prestan los primeros auxilios, pero me voy en cuanto llega la ambulancia convocada por los policías.
La noche es un largo lamento. Encuentro a un tatuador sobre su bicicleta que me ofrece una probada de su cono de helado para reanimarme. Sonrío triste y me ahoga la impotencia de saber que quizá hoy es demasiado tarde. Mejor tarde, me dirá unos días después Irsha y yo le querré creer.

lunes, 28 de enero de 2008

Nacer en un tiempo que termina, leve certeza...

El título es una frase de Jeannette L. Clariond, poeta mexicana, de un libro llamado Los momentos del agua.

Tal vez nacimos en la época equivocada, cuando ya no había nada que creer. Tal vez no. Y definitivamente, no debemos flagelarnos porque no fuimos la generación de 68, del mayo francés y la primavera de Praga... es porque ellos fueron ellos que ahora nuestras posibilidades son otras.

Ellos (los hippies) tuvieron todo más fácil y ya graduados nos llenaron de cosas que ni se imaginan. Problema sque no puede resolver: sida, drogas, violaciones, películas tontas, un desinterés por todo. Ellos lo tuvieron todo: música, cambios políticos, ideólogos, guías espirituales, escritores, pintores, cineastas cools. Pudieron cambiar el mundo. Y lo lograron: liberaron al sexo y nos llenaron de filmes porno; aceptaron la marihuana y nos dejaron inventos como el crack; creyeron en Lenin y lo cambiaron por el libre comercio; tuvieron a Warhol y publicaron El mil chistes; tuvieron el rock y lo cambiaron por el disco; eran los hombres con mil causas y no pudieron ni con una; estudiaron de todo y terminaron trabajando como retardados profesores de inglés o como mecánicos. Y se quejan de nosotros. ¿Por qué? Porque sobrevivimos. Tal vez no creemos en algo, pero sobrevivimos. Los hippies no reciclaban y se decían amigos del planeta; nosotros o reciclamos o nos podrimos. Fácil. Sin elección. Ellos inventaron el amor libre y ahora el sexo casual no existe, es mortal. (...) Sobreviviremos, lo sabemos, y sabemos que aunque peleemos por cambiar algo, cualquier cosa, no la cambiaremos.


Fran Ilich, Metro-pop
Ediciones SM, Gran Angular, México, 1997.
p. 26 y 27


¿Qué me dices a eso, William Hiarmes?

Dos de Aldo Alba y estampa de un borracho en autobús

Los poetas nacieron sin esperanza
y no supieron que eran poetas
hasta que el dolor los tocó.
--A.A.


No me gusta la verdura

¡Qué sería de mí sin poder llevarme a la boca y el corazón
el terror
de la vaca muerta a palos,
sin la sangre y el dolor del cerdo acuchillado
o el delirio d ela gallina enloquecida con hormonas!
¿Qué haríamos sin
tragarnos ese sufrimiento?
¿Sin cadáveres resptando por nuestros intestinos,
sin la pubrecina escorriéndose por los ojos?


Mi Magnum y yo

Me gustaba dormir con ella
(si lo hubieran sabido las
mujeres sentirían celos del metal pulido),
pero puedo jurar que entre ella y
yo sólo hubo admiración.
Era fría, sabía a aceite, era muy peligrosa --en
eso se parecía a las mujeres.
Se fue por falta de dinero (como hacen algunas mujeres).
Sólo me quedó encomendarla a la brutal divinidad de las armas
pensar en su aterradora capacidad de volar en pedazos a quien sea:
un genio, un loco, una puta o un santo.
¡Que jamás hable su idioma balístico en
la carne de nadie!
Pieza de artillería portátil.
Sueño posible.
El epígrafe y los dos poemas son de Aldo Alba, antologado en Hasta agotar la existencia II, publicado por editorial Resistencia.
Y la historia del borracho... digamos que se reduce a un día gris de tantos en la ciudad monstruo, cuando regresaba a mi casa y en el camión (el que va todo Eje Central hasta el reclusorio Norte) topé con un tipo que acababa de hacer sus compras en el centro: unos lentes de los que se doblan para caber en un micro estuche, un encendedor con foquitos que ya envidiarían varios antros... Su rostro revelaba el dolor de un animal salvaje atrapado en cuerpo de rata citadina. Pasando Garibaldi sacó de su mochila una cerveza de lata para apagar la ansiedad que lo quemaba.

jueves, 24 de enero de 2008

FSM en la ciudad monstruo. Martes 22: Organizadores del FSM


Entonces yo tenía dieciséis años. Era el 2000, el Foro Social Mundial estaba recién nacido y el movimiento zapatista andaba en uno de sus apogeos. Yo vivía (como aún hago de vez en cuando) o sobrevivía en la Ciudad Monstruo. Por supuesto, no fui a Porto Alegre. Y, aunque me apene decirlo, tampoco fui al Zócalo ni a Rectoría de la UNAM cuando los del color de la tierra llegaron en marcha a esos citadinos parajes --con sus pasamontañas y el recuerdo de sus muertos. No me excuso diciendo que era joven y más temerosa porque se sobreentiende.

Es martes 22 de enero de 2008. Tengo 24 años, como 24 tiene el EZ (los dos nacimos, cerca en tiempo aunque lejos en distancia, un 17 de noviembre de 1983). Me enteré del FSM en mi amada-odiada-insufrible-añorada ciudad por correos electrónicos, y, trabajando tan cerca del Zócalo no pude dejar de ir.

Ahí estaban las carpas blancas (casi juraría las mismas de los campamentos enchulados de cuando era un honor, estar con Obrador) con el desorden físico que encontré en Cancún cuando la OMC y el suicidio de Lee Kyung Hae: papeles regados, mesas vacías, curiosos vagando, jóvenes despistados tratando sinceramente de ayudar... Contuve mi desilusión, igual que hice en el infierno verde del sureste, porque pudo más mi esperanza. Y cuando me acerqué a platicar con la gente supe de cierto que las carpas temáticas apenas se estaban organizando. Que ese día sólo sesionaría la mesa central, pero que el caos era más parte del ser foro y ser mundial que de las debilidades del otro mundo que queremos posible.

Visité a una organización venozolana (ninguna preferencia chavista particular, sólo le vi cara amable a la compañera que callaba el hambre con tacos junto a la mesa llena de folletos) y dí una vuelta por la carpa de derecho a la ciudad y al hábitat, donde topé con fotos pegadoras pero ordenadas de acuerdo a un concepto no muy bien explicado (a lo mejor soy tonta o no me detuve suficiente, pero lo que creí un problema local se ilustraba con fotos de bebés y niños no precisamente mexicanos que sufren problemas de salud debido al daño del medio ambiente).

Vi a una organización dedicada a la vivienda sustentable montando su taller de cómo construir casas con adobe y pacas (la alternativa ecológica al Infonavit, o el regreso a nuestras raíces, usted decida), un bellísimo montaje de motivos indígenas sobre un escenario donde una reportera de Canal 22 hacía una entrevista y un montón de voluntarios jóvenes tratando de sonreír y organizar pese al sol y pese aún no saber del todo lo que pasaba (o tal vez es sólo que era martes y lo mejor pasaría a partir del miércoles).

La foto es de otro FSM. Cortesía de google imágenes, porque también junto al desmadre altermundista se posa para la cámara.



En la mesa central escuché a tres de los cuatro ponentes. Dos de ellos (un brasileiro y un francés) parte de los organizadores del FSM.

Del brasileiro me enamoré y me asombré. Me hizo preguntarme, cómo siendo Brasil también latinoamérica pude estar a años de nosotros en ciertas formas de lucha, en ciertas formas de plantear las preguntas. Por ejemplo, él no habló de la política vieja: nada de partidos, Estado, ni esos dinosaurios. Habló de redes, economía solidaria, experimentos de una moneda común basada en la justicia económica y la práctica del pensar global y actuar local. Dio datos asombrosos: en su país más de la mitad de quienes compran por internet son de clases medias bajas y bajas. (Mi resumen en perífrasis: A quién perteneces más la red de redes, ¿al hacker o a Gates? ¿Al que consulta la Bolsa o al que entra a la página de la Z, "salvajemente grupera"?)

El compa francés, como buen heredero de Montesquieu y la Revolución (Francesa, claro) no podía dejar de hablar de la vieja política, aunque fuera para criticarla. Habló de que la izquierda ha cambiado, y se ha dado cuenta de que la aspiración que hará otro mundo posible no es la de tomar el Estado. Resumió los intentos del siglo XX por tomar el Estado (Una las columnas en su cabeza: asocie usted el movimiento con el modo en que, de un modo u otro, no triunfó o no ha triunfado): los maoístas en el campo, los trotskistas en las fábricas, los social demócratas mediante las elecciones. (Nota al pie: su comentario lo hizo para los mayores de 30 años, porque tal vez ya se creyó que la televisión nos robó la memoria histórica a las nuevas generaciones, o quizá porque nos considera libres de viejas discusiones fraccionarias... o por pura arrogancia, o por calor)

El mexicano, haciendo caso omiso de lo anterior, o tal vez cerrando el triángulo perfecto, sacó su mejor tono de la vieja izquierda (léase sindicialista de la guardia antigua o político perredista, no juzgo, intento describir) para arengar a los asistentes a levantarse contra los bancos del lucroy buscar crear una banca popular que nos dé al pueblo de manera justa --sin intereses exorbitantes-- el dinero que nosotros mismos hemos sudado (es cita casi textual). Lo mejor de la ponencia: su ofrecimiento de asesorar en el establecimiento de tales bancos, que se ofrecerá en la carpa dedicada al tema.

De los comentarios hago breve resumen: una indígena nahua que pide que no llamemos a los pueblos indios pueblos, sino naciones (nación zapoteca, nación otomí... y así) porque para ella la unidad lingüística hace una nación y todos somos pueblo. (Mi ignorancia o la sospecha de verdades de perogrullo me impiden comentar).... Un compa del norte vestido de blanco que habló de que el otro mundo posible será realidad en la medida de otros seres humanos posibles... Una chica de República Dominicana con un buen discurso que prendió a los asistententes... Un sindicalista electricista con su "No a la privatización".... Un posible priísta resentido disfrazado de amarillo (léase con humor perredista) que ensalzó a los plantones pro AMLO de Reforma como un ensayo de democracia (sic) --seguido de vítores y chiflidos alternativos-- e hizo la lúcida sugerencia de cambiar el "mandar obedeciendo" por el "coordinar acatando".... Y el último que oí, un señor todo sabiduría popular de la buena, que dijo que lo de los bancos populares está muy bien, pero que al final existe el humano riesgo de que "nosotros" (los del dinero del pueblo) resultemos más "ratas que los del gobierno".

Segunda noche de insomnio en el mes. Como me ha enseñado el buen Arturo, algo productivo (o, por decir lo menos, alternativo a ver infomerciales) se puede hacer cuando no se duerme. Esta es mi breve reseña, desde el corazón y el desvelo, del primer día del Foro Social Mundial (FSM) 2008 en la ciudad de México. (Nada personal contra la izquierda que aún busca la vía política electoral. Disiento, respeto, nos reímos ustedes y yo.)

lunes, 21 de enero de 2008

De Molière sobre la escritura

Escribir es como la prostitución: Primero lo haces por amor... después lo haces por los amigos y acabas haciéndolo por dinero.

jueves, 17 de enero de 2008

Y dicen que los intelectuales siempre escribimos la historia desde fuera... Respuesta paranoica-crítica

Me lo dijo con tino doloroso cuando me iba a India. Se cumplían tres meses de la toma de poder de un presidente de derecha (ultra derecha represiva, podríamos especificar), que llegó al puesto tras unas elecciones bastante cuestionadas, ensombrecidas por el añejo fantasma del fraude electoral.
Al principio casi me ofendí, después hice de ello justificación, y ahora lo entiendo en su justa medida: Sólo desde afuera se puede escribir la historia (ni que hablar de la Historia) porque afuera hay que estar para tomar una sana distancia de los acontecimientos y sus protagonistas, para formar una visión panorámica construida por la mirada de muchos ojos. Porque la historia se escribe en pasado y no en presente, se escribe no como ocurrió, sino como la recordamos, y se escribe no sólo para la memoria en sentido inocente, sino para la memoria con una dedicatoria perfectamente intencionada.
Hoy sé que si las condiciones se ponen como en la Argentina de Videla (y pre Videla), la España franquista o el Chile que siguió al golpe contra Allende, yo me iría. No porque no ame con locura, delirio y realismo a México, sino porque sería incapaz de quedarme a ver el horror. A ver caer a tanta gente que amo, a arriesgarme a traicionar alguna lealtad insinuando cosas que no sé.
Cada día, al abrir el correo cumplo la ceremonia dolorosa de enterarme cómo la represión va ganando fuerza en el país. Primero Atenco, ahora Cananea y la propuesta para que la policía pueda entrar en tu casa, donde la letra pequeña que ningún político dice, pero varios leemos con temor especifica: no sólo si eres presunto narcotraficante, sino también si eres indeseable para el sistema, es decir, opositor, base de apoyo, estudiante alebrestado, rojo furibundo o activista empedernido.
Y cada día recolecto los documentos, las historias, las frases, las pinceladas, de cómo poco a poco el miedo se nos impuso al deseo de ser libres y preferimos como sociedad la violencia antes que el desorden.
Ojalá y esta sea sólo un anticipo paranoico alimentado por un día de malas noticias.
Sin reproches, mi respuesta: Exilio no es si me voy, es si dejas de dolerme.

miércoles, 8 de agosto de 2007

Los otros caídos en lucha II: Los que no llegamos a mitos

Ahora, sobre otros que vamos quedando en la lucha sin llegar a mártires.

Los otros caídos en lucha I: El mito de Alexis

Todo empezó con un correo sobre Alexis Benhumea, estudiante de Economía asesinado hace más de un año en la refriega de San Salvador Atenco. Alexis, ahora símbolo eterno sin edad, vive en nuestro imaginario. Nunca envejecerá, nunca se traicionará. Sufre el privilegio, o la desgracia de convertirse en mito.

Como sabiamente respondió el Arturo, lo que debemos exaltar en Alexis no es su muerte, que lo insertó en la categoría de los monstruos, sino el amor que lo hizo decidir estar ese día en Atenco, sabiendo o intuyendo el peligro que ello representaba.

Cito al (en esta ocasión muy lúcido) Arturo "¿Será Benhumea un monstruo? ¿Lo habremos convertido en tal? ¿Lo habremos reducido a una bandera de lucha (en el mejor de los casos)? ¿Lo convertimos en un recuerdo que no encuentra memoria para Ser? ¿Será algún día noticia en los grandes emporios de la comunicación? Cuántas preguntas más podremos formular…

"¿Sabes? Ahora que lo reviso me da la impresión de que hemos olvidado que era un ser humano, por encima de cualquier otra cosa… era un ser humano que reivindicó su humanidad al momento de elegir su vida y decidir estar a lado de los habitantes de San Salvador Atenco durante la invasión que este pueblo sufrió por parte del ejercito de policías que tomaron dicha población por ordenes del gobierno federal, estatal y municipal. Trataré de ser honesto y te diré que muchos le robamos su humanidad y lo convertimos en un mártir, le robamos su elección y la proyectamos sobe nosotros mismos, lo convertimos en un monumento sin piedras que lo enclaustró en un discurso."

Dichosos entonces los mártires, a quienes cantamos con paroxismo en las marchas:

Vestidos de verde olivo, políticamente vivos
no has muerto, no has muerto camarada
tu muerte, tu muerte será vengada
¿Y quién la vengará? El pueblo organizado.
¿Y cómo? Luchando.
Entonces lucha, lucha lucha...

El siguiente post, sobre "el pueblo organizado" y sus otros caídos...

sábado, 16 de junio de 2007

Unos poemas de Elena Jordana... por lo que es y lo que no fue

Del libro Poemas no mandados, de la argentina Elena Jordana. El libro ganó en su época el Premio de poesía Aguascalientes, y para mí toparlo fue sentir el corazón tocado. Juzguen ustedes:

Prólogo
Sabines dijo:
A la chingada las lágrimas
y se puso a
llorar
como se ponen a parir.
Yo dije:
al carajo la poesía
y me puse a escribir
como
se ponen a vivir.


IV
para
Alfredo Zitarrosa
Si tuviera tres años
te pediría una canción de cuna
te
invitaría a remontar barrriletes
te tiraría el pelo
y te haría cosquillas
en la barriga
si fuera inspector
no te revisaría el abono
te dejaría
viajar gratis en todos los travías
si fuera tu hermana menor
te prestaría
mi biciceta
mis libros y mis sueños
si fuera tu tía
te remendaría los
codos de la camisa
te haría sopas calientes
te pondría una
bufanda
-como dice Vallejo-
no porque hace frío sino para que haga
frío
si creyera en Dios
le pediría que no estés tan triste
Si me atreviera
te mandaría este
poema.

XII Tango
Soy esa borrachera que necesitás a mitad de año
cuando el
aguinaldo
las vacaciones
el ascenso
aún están lejos
soy la nota
disonante
que te ayuda a sobrellevar esa armonía monótona
que decís que es
tu vida
soy ese minuto de locura
que te permite aguantar el resto de la
hora
el elogio dicho con firmeza tal que descarta tu duda
la urna en que
depositas tus lastimeros "vos no sabés"
tus pequeñas frustraciones
cotidianas
tus:
el café está frío
quién me abrió esta carta
otra vez
la cuenta del gas

soy la que despierta los rincones más inéditos de
tu piel
la que te hace decir:
con vos me siento otra vez un
colegial

soy
en otras palabras
esa mujer que te llevás
a un hotel
en una noche de borrachera
y a quien te olvidás de
preguntar su nombre
o si podrás volverla a ver algún día.
Elena Jordana, Poemas no mandados Joaquín Mortiz, 1979. En: Premio de Poesía Aguascalientes. 30 años, México, Joaquín Mortiz/INBA/Gob. del Edo. de Aguascalientes, 1997.

viernes, 15 de junio de 2007

La canción que reencontré en Agra y en Marruecos se volvio "Los caminos de Essaouira.."

Los caminos de la vida, no son los que yo esperaba, no son los que yo creía, no son los que imaginaba. Los caminos de la vida son muy difíciles de andarlos,difíciles de caminarlos y no encuentro la salida.
Yo pensaba que la vida era distinta cuando era chiquititito, yo creía que las cosas eran fácil como ayer, que mi madre preocupada se esmeraba por darme todo lo que necesitaba y me doy cuenta que tanto asi no es... Porque a mi madre la veo cansada de trabajar por mi hermano y por mí y ahora con ganas quisiera ayudarla, y por ella la peleo hasta el fin. Por ella lucharé hasta que me mueray por ella no me quiero morir, tampoco que se me muera mi vieja pero yo sé que el destino es así.
Los caminos de la vida, no son los que yo esperaba, no son los que yo creía, no son los que imaginaba. Los caminos de la vida son muy difíciles de andarlos,difíciles de caminarlos y no encuentro la salida.

Artista: Vicentico
Álbum: Los Rayos

Este post va con un abrazo especial para Edgardo, que conmigo se perdió en los caminos de Essaouira, para Loren que me reecontró con la canción en aquel cuarto barato y calientísimo de Agra y para Freddy, por aquello de que el título le inspiró su obra de teatro inconclusa Por los caminos del viento.

sábado, 26 de mayo de 2007

Del maestro Dylan, Like a rolling stone

Once upon a time you dressed so fineYou threw the bums a dime in your prime, didn't you? People'd call, say, "Beware doll, you're bound to fall"You thought they were all kiddin' youYou used to laugh aboutEverybody that was hangin' outNow you don't talk so loudNow you don't seem so proudAbout having to be scrounging for your next meal.How does it feelHow does it feelTo be without a homeLike a complete unknownLike a rolling stone?You've gone to the finest school all right, Miss LonelyBut you know you only used to get juiced in itAnd nobody has ever taught you how to live on the streetAnd now you find out you're gonna have to get used to itYou said you'd never compromiseWith the mystery tramp, but now you realizeHe's not selling any alibisAs you stare into the vacuum of his eyesAnd ask him do you want to make a deal?How does it feelHow does it feelTo be on your ownWith no direction homeLike a complete unknownLike a rolling stone?You never turned around to see the frowns on the jugglers and the clownsWhen they all come down and did tricks for youYou never understood that it ain't no goodYou shouldn't let other people get your kicks for youYou used to ride on the chrome horse with your diplomatWho carried on his shoulder a Siamese catAin't it hard when you discover thatHe really wasn't where it's atAfter he took from you everything he could steal.How does it feelHow does it feelTo be on your ownWith no direction homeLike a complete unknownLike a rolling stone?Princess on the steeple and all the pretty peopleThey're drinkin', thinkin' that they got it madeExchanging all kinds of precious gifts and thingsBut you'd better lift your diamond ring, you'd better pawn it babeYou used to be so amusedAt Napoleon in rags and the language that he usedGo to him now, he calls you, you can't refuseWhen you got nothing, you got nothing to loseYou're invisible now, you got no secrets to conceal.How does it feelHow does it feelTo be on your ownWith no direction homeLike a complete unknownLike a rolling stone?

Esta canción acompañó mi niñez. Recuerdo que me ponía feliz cuando la tocaban en Universal, la estación que mi mamá traía siempre en su auto. No sabía entonces suficiente inglés para entenderla. Luego en la preparatoria leí la letra y supe por fin su significado; pero no fue sino hasta este año, enferma en Barcelona, cuando la entendí.

He sobrevivido el verano con 300 euros pagando renta en Cerdanyoala, convaleciente de varicela, escribiendo reportajes y chateando con mi editora y algunos amigos. Tras Marruecos, terminé refugiada en casa de Javier, primo de E., con Audrey, su roomie francesa, quien me enseñó a cocinar algunas cosas de su tierra y me ponía Caladryl en las ronchas mientras me alentaba a no rascarme.

No he tenido dinero para comer nunca en un restaurante, salvo por el pepito de ternera de la despedida con Audrey. He subsistido básicamente echando mano de mis mejores prácticas aprendidas a los indigentes, alimentándome a base de pan, jamón comprado casi caduco, atún barato, naranjas --que son baratísimas y dulces en verano en Catalunya-- y agua de la llave. Y, con todo, ha sido uno de los mejores veranos de vida. With no direction home, like a complete unknown, like a rolling stone...

jueves, 22 de febrero de 2007

De Oliverio Girondo para la palmera salvaje

Se miran, se presienten, se desean, se acarician, se besan, se desnudan, se respiran, se acuestan, se olfatean, se penetran, se chupan, se demudan, se adormecen, despiertan, se iluminan, se codician, se palpan, se fascinan, se mastican, se gustan, se babean, se confunden, se acoplan, se disgregan, se aletargan, fallecen, se reintegran, se distienden, se enarcan, se menean, se retuercen, se estiran, se caldean, se estrangunlan, se aprietan, se estremecen, se tantean, se juntan, desfallecen, se repelen, se enervan, se apetecen, se acometen, se enlazan, se entrechocan, se agazapan, se apresan, se dislocan, se perforan, se incrustan, se acribillan, se remachan, se injertan, se atornillan, se desmayan, reviven, resplandecen, se contemplan, se inflaman, se enloquecen, se derriten, se sueldan, se calcinan, se desgarran, se muerden, se asesinan, resucitan, se buscan, se refriegan, se rehúyen, se evaden y se entregan.

lunes, 24 de julio de 2006

Lo que no cabe en las urnas



Como dice una estampa quizá cursi pero cierta: "nuestros sueños no caben en sus urnas". Y nuestros sueños no sólo en el sentido romático: en las urnas tampoco caben nuestros sueños que se construyen con bloques y mezcla en ciertos lugares del sureste mexicano; o los que se escriben con "l" de libertad, o con "i" de imaginación o "d" de diferencia. O los que se escriben con sangre de los caídos, o con el sudor de nuestro trabajo, o con las teclas de nuestra computadora o la tinta de nuestras plumas, la pintura en nuestros pinceles, la arcilla en nuestras manos, el movimiento de nuestros cuerpos.

En las urnas no caben los abrazos que nos damos, las canciones que cantamos, las lágrimas (de tristeza, ira o impotencia) que derramamos. Como lo dice Baricco, la globalización es un sueño soñado en gris por los hombres del dinero. El sueño que no cabe en las urnas y que nosotros tenemos el reto de hacer realidad es un sueño de muchos colores.

Las elecciones enfrentaron a dos Méxicos. El "triunfador" exitosamente adaptado al proceso salvaje de la globalización, que sólo quiere que las situación se mantenga con el menos escándalo y desorden posible; y el "otro" el que ya está harto de perder para que otros ganen, de pagar con su miseria la riqueza de los demás. Se hizo patente la división entre el México que dice "todo va bien" y el que dice "esto tiene que cambiar".

Y como sociedad permitimos que se impusiera el autoritarismo antes que el desorden. No es que hayamos fallado, es quizá que como dice Arundathi Roy, aún nos hace falta ser mucho más radicales.

miércoles, 12 de julio de 2006

Lo que nos enseñó el 2 de julio: todos perdimos

En estos días he recibido un montón de correos de gente que comparte impresiones sobre esta accidentada contienda electoral. Todos estos mensajes prueban que comunicarnos e informarnos es la mejor y la única arma que tenemos, la que más difícilmente nos podrán arrebatar.

Hago ahora mi toma de posición, no porque tenga que importarles o porque pensar distinto pueda dividirnos, sino como una forma de honestidad ante tantas posibles mentiras.

Yo anulé mi voto. No creo en los partidos políticos en general, mucho menos en los tres candidatos principales en particular. No son los tres iguales, pero sí son sospechosamente parecidos.
Hoy la democracia electoral no es suficiente. Estamos enfrentando el hecho de que debemos ser ciudadanos los 365 días del año y no sólo cuando acudimos a las urnas. Que debemos ser más responsables, más comprometidos con los asuntos que nos incumben a todos. Y eso no cabe en la estructura actual de partidos.

Pienso que lo peor que pudo pasarnos en esta elección, y que nos pasó, fue que el IFE perdiera crédito. Porque bien o mal, el IFE es una conquista ciudadana, y si bien no funciona a la perfección, representa un paso significativo hacia una mayor madurez política.

Perdimos todos porque parece que de nada sirvió el trabajo del millón de personas que participaron en el proceso como observadores o funcionarios de casilla. Porque de nada nos sirve tener las elecciones más costosas del mundo si en una noche los candidatos pueden anunciarse ganadores injustificadamente, y el conteo del PREP dispararse contra toda lógica matemática y de sentido común.

Esta fue en muchos sentidos una elección de miedo. Del miedo a los comunistas, del miedo al derechismo, del miedo a la miseria, del miedo a la iglesia. Del miedo al pasado, pero peor aún, del miedo al futuro.

Importa saber la verdad sobre el 2 de julio. Que se haga todo lo necesario para borrar toda duda sobre el triunfo electoral de quien vaya a ser presidente. Pero importa más preguntarnos qué clase de ciudadanos queremos ser a partir del 3 de julio.


Aquí, un artículo de Aline Petterson publicado en La Jornada que me encantó. Se llama "Me duele mi país", y a mí también me duele.

viernes, 23 de junio de 2006

Anticipos de mi muerte. ¿Y si fuera hoy? Necrológica

Otra vez fallaste, corazón

ADME
(1983-2006)

"Yo voy a vivir cien años", solía decir mirando en la palma de su mano la longitud de la línea que, dicen los gitanos, representa a la vida. Pero su existencia fue mucho más fugaz de lo que sus manos predijeran.

Filósofa de carrera y vocación, periodista de oficio, antropóloga fallida, enamorada de las palabras de tiempo completo; murió a los veintidós años en un bosque, por un fallo cardiaco que jamás le habían detectado. Cumplía un pendiente de su infancia: aprender a andar en bicicleta. "Se fue como quien suspira, con una sonrisa en los labios y la vista en el cielo", afirma el amigo que la acompañaba.

Escribía y leía como vicio, atestigua su hermano, protagonista invariable de desvelos compartidos. Vivía con él y su madre en una casa grande y oscura, regida por un desorden acogedor. Los tres llevaban una estrecha y peculiar relación, cimentada en las reuniones familiares que celebraban al menos dos veces al día para escuchar música, contarse chistes, intercambiar memorias o debatir el "tema del día".

Medio kilo de cenizas irreconocibles constituyen sus restos mortales. Pero su huella más tangible queda en sus diarios, la abundante correspondencia que intercambió con amigos y familiares, dos novelas inconclusas, crónicas de viaje, un par de guiones de cortometraje, muchas fotografías, una novela corta, un libro para niños y varias docenas de cuentos.

Además de lo que creó por sí misma, deja lo que inspiró en otros. Modeló para varios fotógrafos. Un retrato suyo fue de las imágenes estenopéicas (tomadas con una cámara de cartón) mejor pagadas en los últimos años por un coleccionista mexicano. Su recuerdo sirvió de combustible para el fuego de tres poetas. Participó también en un cortometraje, e inspiró otro que nunca llegó a filmarse. De los dos pintores que quisieron retratarla, ninguno lo logró. Pero uno de ellos se convirtió en el fiel confidente y testigo de sus amores.

Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir, más con sus vidas que con su obra, impactaron su forma de concebir las relaciones de pareja. "Al acariciar al otro hago nacer su carne bajo mis dedos. La caricia es el conjunto de ceremonias que encarnan al otro.", escribió Sartre en el Ser y la nada. Quizá por eso mucho de la historia de esta mujer reside en quienes la amaron.

A los diecinueve años conoció a tres hombres que amaría simultánea e irrevocablemente por el resto de su vida, tiempo más breve de lo que imaginó: uno le reveló la seducción del baile y que el mundo es tan pequeño como lo hagamos al recorrerlo; otro la inició en los misterios de la luz y le gustó para futuro padre de los hijos que no llegó a tener; al tercero lo definiría como "mi amigo, mi cómplice, mi compañero, mi amante, mi loco". Con este último soñó pasar la vejez que no alcanzó.

Pensaba que lo mejor de la vida es compartirla. Desde que a los catorce años se declaró agnóstica, consideró la amistad su única religión. Por eso tuvo muchos y entrañables amigos. Algunas de sus complicidades y recuerdos comunes se remontaban hasta diecinueve años atrás.

No menos queridas le eran sus amistades más recientes. A muchos los conoció luchando por la utopía compartida de un mundo distinto, más libre y menos triste. Uno de sus compañeros activistas la describía como "una guerrera que no toma nunca el camino fácil." Participó en grupos de educación para comunidades indígenas, organizaciones de derechos humanos y brigadas de trabajo voluntario. Pero su mayor y más constante activismo consistía en reciclar papel hasta lo absurdo, so pena de que "la naturaleza nos escupa."

Practicaba la consigna del mayo francés: "Sean realistas: pidan lo imposible". Se consideraba parte de una generación que nació cuando ya todo estaba perdido. Por eso cualquier intento de cambiar algo le parecía digno de llevarse a cabo, aunque sin promesa de éxito. Le gustaba el mito de Sísifo para explicarlo: la vida no es sino empujar una roca hasta la cima de una montaña para luego verla caer. Y después, sin desilusión o desesperanza, reemprender el camino cuesta arriba.

Aunque pasó la mayor parte de su existencia en la escuela, sabía que lo esencial no se aprende en un aula. Para compensar sus temporadas de sedentarismo obligado, era también una vaga incurable. Conoció casi todos los estados de la República, más varias ciudades de Estados Unidos. Uno de sus proyectos era recorrer Asia y el resto de América. Europa le parecía un destino menos urgente, y respecto a África se sentía muy ignorante todavía para intentar un viaje. A veces presentía que soñaría el mundo entero desde México sin conocerlo personalmente. Para exorcizar eas ideas tenía en su habitación un globo terráqueo que giraba de vez en cuando.

Vivió considerando que tenía dos destinos posibles: morir por sorpresa antes de los cuarenta, o vivir mínimo un siglo con una memoria generosa y lúcida. Por ello no llegó a realizar muchos de los proyectos que dejó esbozados. Tenía ya planeados al menos dos libros de ensayos, una novela para niños, colecciones temáticas de cuentos que no llegó a completar y una serie de crónicas que pensaba escribir desde la India. Creía, basándose en su madre, que la vida vuelve a empezar a los cuarenta, y a los setenta pensaba sentarse a escribir sobre filosofía.

La concepción trágica de la existencia desarrollada por Friedrich Nietzsche marcó su forma de vivir. Pero la tragedia nitezscheana, como ella la interpretaba, consistía no en lo triste, sino en lo transitorio, en nuestro continuo fracaso en evitar el cambio.

Vivió intensamente, quizá porque la muerte la había tocado muy cerca. Cuando era niña, su padre murió en un accidente. Ya de adolescente perdió de forma inesperada a dos amigos. A los dieciséis años vio a una de sus mejores amigas y al padre de su mejor amigo morir de cáncer. Quizá por eso en sus peores momentos de depresión se sentía miembro de una estirpe maldita, condenada sin remedio a la extinción. Algo de cierto y de falsto tenía ese presagio. No se extinguen quienes habitan nuestra memoria.

lunes, 29 de mayo de 2006

No tengo ambiciones ni deseos.Ser poeta no es mi ambición.Es mi manera de estar solo.

Fernando Pessoa

Carta

Lo único que nos pertenece realmente es aquello que no podemos perder en un naufragio.
—Alberto Ruy Sánchez



De este lado del naufragio las pérdidas irremediables son pocas: unas caricias al gato, un deslumbrante atardecer en el Pacífico, diarios remojados por la lluvia, cervezas no tomadas con los amigos, encuentros no concretados.

Como bien lo predijera Rafa, libros, fotocopias y desordenados apuntes se amontonan en frágiles torres que amenazan con el derrumbe. Hay vasos sucios por todos lados y el polvo forma una cubierta cada vez menos fina que diluye los bordes de las cosas.

Te escribo desde la zozobra de imaginar el reencuentro. Vernos de nuevo será, otra vez, partir de cero. Descubrirte con otra barba, que atisbes el dorado de mis hombros; servirnos de la ausencia como pretexto para largos abrazos en que nuestras manos pretendan descubrir a caricias lo que ocultamos bajo la piel. Mirarnos a los ojos, abastecernos de sonrisas para transitar el próximo alejamiento.

Con sed,

Jueves en la noche

Y de pronto un jueves en la noche, uno se descubre en un autobús con la cabeza escondida en el pecho de un buen amigo y un cascabel atado a la muñeca.

Entonces el cansancio no importa, ni el tráfico ni la desesperanza, porque finalmente el aire aún es fresco, y siempre resulta consolador saber que tenemos al lado a alguien cuyas preocupaciones, dolores y alegrías, tienen una consoladora simetría con los nuestros.

El amor es entonces una cosa mucho menos complicada de lo que a veces parece. Es simplemente un abrazo sincero, un oportuno "a callar", una mirada de tristeza cómplice. Y el hecho de que nada de eso se interponga con estar deseando a otro hombre, extrañándolo e imaginándolo, recostada contra el pecho de un buen amigo, un jueves en la noche.

viernes, 26 de mayo de 2006

De Revueltas, para la esperanza

Amargo el encuentro del mal, de su gente, de su espacio. Evidentemente uno nació para otra cosa, fuera de tiempo y sin sentido. Uno hubiese querido amar, sollozar, bailar, en otro tiempo y otro planeta (aunque se hubiese tratado de este mismo). Pero todo te está prohibido, el cielo, la tierra. No quieren que seamos habitantes: Somos sospechosos de ser intrusos en el planeta. Nos persiguen por eso; por ir, por amar, por desplazarnos sin órdenes ni cadenas. Quieren capturar nuestras voces, que no quede nada de nuestras manos, de los besos de todo aquello que nuestro cuerpo ama. Esta prohibido que nos vean. Ellos persiguen toda dicha. Ellos están muertos y nos matan. Nos matan los muertos por esto viviremos.

José Revueltas